FORJADORES DE MÉXICO: DON JUAN VICENTE DE GUEMES PACHECO DE PADILLA HORCASITAS Y AGUAYO, QUINCUAGÉSIMO SEGUNDO VIRREY DE LA NUEVA ESPAÑA
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- 13 jul 2025
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Rafael Urista de Hoyos / Cronista e Historiador
Don Vicente de Gûemes Pacheco de Padilla Horcasitas y aguayo. Segundo Conde de Revillagigedo cuyo período se inició en 1789 y terminó en 1794 tomando posesión del virreinato de la Nueva España en la Colegiata de la Villa de Guadalupe. Revillagigedo nació en La Habana, Cuba, hizo sus estudios y carrera militar en las tropas de la Casa Real. La firmeza de su carácter y la prudencia, fueron las dotes que desplegó durante su gobierno.
El segundo Conde de Revillagigedo fue sin duda alguna el mejor gobernante que tuvo la Nueva España. No sólo fue honrado, prudente y justiciero, como varios de sus antecesores, sino que contó con virtudes que escasamente tuvieron los demás virreyes y todos los gobernantes que tuvo México hasta la fecha: fue dinámico, emprendedor, visionario e incansable y un excelente y honesto administrador de los bienes públicos. Dotado de gran capacidad para el trabajo, tenía además la pasión por realizar una obra duradera y de beneficio común, motivado por la buena voluntad y la satisfacción del deber cumplido, sin aspirar a mayores honores ni al mínimo enriquecimiento; Tomen nota esos corruptos políticos mexicanos”.
Si algún virrey puede calificársele de estadista, es sin duda, el segundo conde de Revillagigedo. A efecto de separar lo que correspondía a la real Hacienda e incrementar la recaudación de impuestos que beneficiaran a los novohispanos, ordenó un minucioso estudio de las rentas que producía la Nueva España. Además, bajo su gobierno por primera vez se recopilaron y reunieron los papeles de las oficinas públicas, que hasta entonces se hallaban dispersos, ordenando la creación de lo que es hoy el archivo general de la nación. Pero su mayor obra en cuanto a la utilidad práctica, fue la realización del primer censo de población de la Nueva España, que permitió conocer el tamaño exacto de la población, su raza y su modo de vida.
Dictó beneficios para hermosear y limpiar la ciudad de México, la que más tarde se consideró como la ciudad más grande y bonita del nuevo mundo: Mandó asear el Palacio y desalojar los puestos ambulantes de comida de la acera del mismo; prohibió bajo severas penas arrojar basura en las calles; mandó recoger los cerdos y vacas que vagaban por las calles de la ciudad; mandó empedrar las principales calles, construyó atarjeas y encauzó las grandes acequias que cruzaban la ciudad.
El ejemplo de la ciudad de México se extendió hacia las principales ciudades del reino. Así fueron beneficiadas poblaciones como Veracruz, Toluca, Mazatlán, Guadalajara, San Blas y Querétaro. Además, para mejorar la comunicación de las distintas poblaciones y aumentar el tráfico comercial, ordenó Revillagigedo el diseño y construcción de una amplia red de caminos modernos, destacando el que corría de la ciudad de México al puerto de Veracruz, que para construirlo se realizaron grandes obras de ingeniería para salvar ríos y barrancos.
Pidió prestados ciento cincuenta mil pesos para continuar sus obras; pidió al sabio José de Alzáte perfeccionara el estudio sobre la seda silvestre para favorecer al indígena, encomendándoles a ellos el proceso de elaboración y la venta del producto, así como el usufructo del valor recabado.
El 17 de diciembre de 1790 al estar ejecutando obras en la plaza mayor, se encontró la famosa piedra “Tonalamatl”, llamado posteriormente el Calendario Azteca, ordenando el virrey fuera enviada al arqueólogo don Antonio de León y Gama para su estudio y descripción de los jeroglíficos ; mejoró el servicio de correos en todo el país, aumentando las estafetas a lugares muy remotos y con diligencias que conducían correspondencia y bultos grandes. También ordenó se efectuara en todo el país un censo de población, el que dio por resultado que en el año 1795 la Nueva España contara con 4,483.569 habitantes. Estos datos fueron minuciosamente contados por los intendentes y gobernadores de las provincias.
Por su honradez, manejo de los fondos públicos y la febril actividad que desarrolló en bien de la capital y resto del reino (la Nueva España era un reino), se conquistó muchos enemigos pues en su gobierno no existía ni la impunidad ni la corrupción, los que se confabularon para promoverle un juicio de residencia. El Consejo de Indias en España recibió el proceso y este tribunal falló la “inculpabilidad”, condenando a los regidores de México, los acusadores, al pago de las costas (gastos del proceso) por haberle formado tan inicua y difamatoria acusación.
Revillagigedo no llegó a saber de su rehabilitación, pues triste y colmado de desengaños renunció a su cargo entregando el bastón de mando el 12 de julio de 1794, muriendo el 2 de mayo de 1799. El rey Carlos IV para honrar su memoria, le dio póstumamente la recompensa con el título de “grandes de España” con derecho a sus descendientes.
Los mexicanos le han concedido siempre al segundo conde de Revillagigedo un lugar destacado en la historia patria. Algunos historiadores mexicanos están de acuerdo en que él y Bucareli son los mejores gobernantes que ha tenido México y yo le añado: “En toda su historia” abarcando todos los años hasta este 2025.






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