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FORJADORES DE MÉXICO: EMILIANO ZAPATA SALAZAR

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  • 29 dic 2024
  • 5 Min. de lectura


Rafael Urista de Hoyos / Cronista e Historiador


  Emiliano zapata Salazar  nació el 8 de agosto de 1879, en San Miguel Anenecuilco, Estado de Morelos.  Su padre fue don Gabriel Zapata y su madre doña Cleofas Salazar.  El fue el noveno de una prole de diez hijos.  Se dice que su primer pantalón lo adornó con moneras de a real como si con ello quisiera emular a los antiguos Plateados, quienes se habían convertido en un mito romántico de la región, y seguramente era un mito familiar, el propio tio de Emiliano, Cristino Zapata, había combatido en contra de ellos, cuando se les consideraba simplemente como bandidos.

  Durante la Guerra de Reforma surgieron, en los Estados de Puebla y Morelos, varias partidas de guerrilleros que para el pueblo eran revolucionarios y para el gobierno eran bandidos.  Estos eran conocidos como los “Plateados”, pues acostumbraban a adornar su traje de charro con botones de plata.  Esta clase de rebeldes ciertamente eran bandidos y salteadores, pero en la sensibilidad popular ejercían una suerte de justicia directa y elemental, al estilo de Robin Hood y su gente, que es uno de tantos mitos en los que se maneja la imagen del semihéroe que roba a los ricos para dar a los pobres.

  La familia Zapata gozaba de prestigio en su comunidad y tenía una cierta estabilidad económica; cuando Emiliano tenía dieciséis años, muere su padre, pero la familia no queda en el desamparo, pues además de tener sus tierras y animales, había en la familia muchos brazos para el trabajo.  Emiliano nunca vivió la terrible condición de pobreza de muchos de sus compañeros.  De joven llegó a tener un atajo de mulas con la que recorría los pueblos de la región, transportando diversos productos, lo que le permitía un buen ingreso.  Por un tiempo acarreó cal y ladrillos para la construcción de la hacienda de Chinameca; la que habría de tener gran significación al final de su vida.

  La preparación académica de Emiliano fue elemental, aunque con cierto privilegio, pues él al menos terminó la primaria y pudo desarrollar una buena capacidad para la lectura, lo que abrió para él un panorama que no era común en su ambiente social; pero su desarrollo intelectual y su conciencia social dio el gran paso en 1906, pues en ese año llegó a Anenecuilco un ideólogo revolucionario llamado Pablo Torres Burgos, quien vivía del comercio, y sobre todo vendía libros. 

  Emiliano rápidamente se hace amigo de Torres, participa en las tertulias en su casa y, lo que es más importante, tiene acceso a su biblioteca, que aunque no era muy nutrida, se especializaba en temas políticos y sociales. Emiliano encuentra en esta relación con el profesor Torres un fuerte estímulo para el afinamiento de aquella conciencia social que ya tenía por tradición, y además de acceder a los libros y a la discusión de ideas con el grupo de Torres, se vuelve un asiduo lector de las publicaciones periódicas de la época, muchas de ellas de oposición, como “El Diario del Hogar” y “Regeneración

  Al poco tiempo, en Villa de Ayala, ocurre un hecho intelectual semejante, pues llega al pueblo el profesor Otilio Montaño, quien sí imparte clases formales y defiende con fervor una postura filosófica-política de menor reflexión, pera de más acción, basado en las obras del príncipe Kropotkin, considerado el padre del anarquismo, y alimento biológico de todos los revolucionarios del mundo en aquellos tiempos.  Zapata se identifica mucho con el profesor Montaño, lo hace su amigo íntimo, su ideólogo y también su compadre.

  En 1908, Emiliano realiza una de sus muchas hazañas amorosas, raptando en Cuautla a una bella muchacha llamada Inés Alfaro, a quien le pone casa y con la que llega a procrear tres hijos, un varón y dos niñas.  Pero el padre de Inés, Remigio Alfaro, no se queda con el agravio y denuncia el hecho ante las autoridades, solicitando justicia.  En realidad, en ese contexto social, un hecho de esta naturaleza no constituía propiamente un delito; sin embargo, Emiliano es aprehendido por las autoridades y, a manera de castigo, se le enrola en el séptimo batallón el ejército regular, donde no dura mucho tiempo, ya que un año después participa activamente en la campaña de Patricio Leyva, para gobernador, en oposición al candidato de los latifundistas, Pablo Escandón.

  En esos tiempos se afilia al club “Melchor Ocampo”, creado por Torres Burgos en Villa de Ayala, además de participar con el Club Democrático Liberal de Morelos, con sede en Cuernavaca.  Esta entrada en la política representa un acercamiento claro y activo en la lucha social, y expresa una voluntad de acción que más tarde lo llevaría a la toma de las armas, ante el agotamiento de toda instancia política. 

  En septiembre de 1909, Emiliano es elegido presidente de la Junta de Defensa de las tierras de Anenecuilco, y en esa función se dedicaría a analizar las documentos que acreditaban los derechos del pueblo a sus tierras, con lo que se afirma su carácter de dirigente agrario en Morelos y comienza su propia lucha armada, tomando por la fuerza las tierras de Villa de Ayala y dándolas en posesión “de facto” a los campesinos, creando una de sus más famosas máximas:  “La tierra es de quien la trabaja”.

  Esta acción lo convierte de hecho en bandolero a los ojos del gobierno, y comienza lo que sería la norma de su vida a partir de entonces: la persecución y el peligro.  Algunos meses después, regresó a ese mismo lugar para discutir con otros líderes campesinos los objetivos y estrategias de su lucha, lo que llegaría a convertirse en el Plan de Ayala.

  En los primeros años de la dictadura porfirista se promulgaron leyes agrarias que tuvieron por objeto aumentar las posesiones territoriales de los grandes hacendados y de las compañías extranjeras, a costa de la expropiación de las pequeñas propiedades y de tierras comunales.  El más escandalosos de los actos legislativos que sirvieron de base a la política agraria, fue el decreto sobre Colonización y Compañías Deslindadoras, del 15 de diciembre de 1883, promulgado por el presidente Manuel González.  Según ese decreto, las personas o compañías privadas podían obtener “terrenos baldíos”, con el pretexto de poblarlos.  Con base en esta ley, comenzó el deslinde de terrenos, lo que dio lugar a una serie de despojos y especulaciones sin fin; se entendían por “baldíos” todos aquellos terrenos cuyos propietarios no tenían posibilidades de certificar la legalidad de su posesión.

  En esos momentos, a mediados de 1910, se perfila como jefe del movimiento del sur Pablo Torres Burgos, quien viaja a los Estados Unidos para entrevistarse con Madero, y el resultado de esa entrevista es la decisión de adherirse al Plan de San Luis y tomar las armas en seguimiento de la directiva general de Madero en contra de la dictadura de Díaz.  En este período sobresalen las batallas de Chinameca, Jojutla, Jonacatepec, Tlayecac y Tlalquitenango, que se realizaron en contra de las tropas de Aureliano Blanquet.  En uno de esos encuentros muere Pablo Torres Burgos y, en 1911, Emiliano Zapata es elegido por la Junta Revolucionaria como nuevo jefe de ahora llamado Ejército Liberador del Sur, que seguía los lineamientos marcados por Madero.  

 

   

 

 
 
 

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