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FORJADORES DE MÉXICO: FELIPE CARRILLO PUERTO

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  • 11 ago 2024
  • 6 Min. de lectura


Felipe Urista de Hoyos / Cronista e Historiador


  Nació en Motul, Yucatán, el 8 de noviembre de 1874.  Sus padres fueron Justiniano Carrillo Pasos y Adela Puerto.  Su lugar de origen marcó su pensamiento y su acción: protector de los indios mayas y amante luchador de las ideas justicieras.  Contaba 18 años cuando entró por primera vez a la cárcel por oponerse a las arbitrariedades de los hacendados del pueblo de Ucí.  Posteriormente trabajó como conductor del tren de pasajeros que iba de Mérida a la hacienda de Caucá.

  Más tarde se estableció en Motul y fundo el periódico “El Heraldo de Motul”, pero por su actitud oposicionista fue castigado con la cárcel y con la clausura de su diario.  Delio Moreno Cantón lo nombró corresponsal de “La Revista de Mérida”, de la que era director.  Al figurar éste como candidato a gobernador, Carrillo Puerto se hizo un activísimo morenista; sin embargo, el vencedor fue Enrique Muñoz Aréstegui, favorito de los hacendados henequeneros.

  Fue siempre un opositor de Porfirio Díaz y de la oligarquía local.  Aunque simpatizó con el maderismo, su primera participación armada en la Revolución fue hasta 1913, cuando se incorporó a las filas de Zapata, junto con otros compañeros de la Escuela de Agricultura de Chapingo.  Después de pasar un tiempo en Estados Unidos regresó a Yucatán para colaborar con el general Salvador Alvarado que fungía como gobernador obregonista de Yucatán; juntos realizaron grandes reformas sociales en el Estado.

  Fundaron la Unión Obrera de los Ferrocarriles y lucharon por despertar la conciencia popular.  Carrillo Puerto fungió entonces como diputado local y luego federal.  Sus ideas socialistas se materializaron cuando fundo el Partido Socialista del Sureste, que celebró su primer congreso en 1917.  En dicho partido encontraron resonancia los ideales agrarios de Emiliano Zapata, y tuvo un carácter clasista muy definido y permanente; propugnó por los mayores adelantos sociales de la época, como la jornada máxima de trabajo de ocho horas, el mejoramiento de las condiciones de los trabajadores, la igualdad de derechos de la mujer, asimismo, el Partido Socialista lucho en favor de la instauración de las prácticas democráticas y contra el analfabetismo y los fanatismos religiosos.

  Llegó a la cima de su carrera política, cuando tomó las riendas del gobierno de su Estado: Yucatán.  Teniendo como bandera sus ideales socialistas implantó grandes reformas políticas y sociales; repartió tierras a los indígenas; instauró jueces agrarios; fomentó la educación popular y fundó escuelas racionalistas; creó la Academia Mexicana de la Lengua Maya; expidió leyes de previsión social, la estatal del trabajo, la de moratoria, la de inquilinato, la de expropiación por utilidad pública y otras; creó la Universidad Nacional del Sureste; reconoció los derechos políticos de la mujer; organizó las Juntas Calificadoras de Hacienda.

  En 1923 levantó, según él, la bandera de la legalidad, apoyando la imposición de Plutarco Elías Calles a la Presidencia de la República y contra el señor don Adolfo de la Huerta, quien sí se rebelaba contra la ilegalidad y a favor de la lealtad a las instituciones de la República; pero el poder era el poder y éste lo tenían Obregón y Calles.

  La insurrección en el Estado de Yucatán fue encabezada por el Partido Cooperativista, pero fueron los latifundistas y  hacendados yucatecos quienes, sobornando a los militares, idearon un complot contra el gobernador Carrillo Puerto, que les quitaba sus grandes privilegios, ordenando su aprehensión, y aunque el señor De la Huerta ordenó que se respetara la vida de Carrillo Puerto y demás compañeros para que se le enviaran a Veracruz que es donde el estaba, la intención de los capitalistas yucatecos era la eliminación del enemigo.  Fue así como el día 3 de enero de 1924 Felipe Carrillo Puerto fue fusilado junto con sus hermanos y demás leales.

 

EL OTRO CARRILLO PUERTO.  (De la obra: ”La otra historia de México” de  Armando                                                        

                                                                                          Fuentes Aguirre “Catón”.)

  Un aura de romanticismo envuelve la figura del yucateco Felipe Carrillo Puerto. Esa aura se debe a una mujer, la angloamericana Alma Reed, y a una canción: “Peregrina” ---composición de los yucatecos Luis Rosado Vega en la letra y Ricardo Palmerín en la música--- Pero ¿quién fue en realidad Felipe Carrillo Puerto?

  El 26 de septiembre de 1920 ondeó la bandera de la Internacional comunista en el asta del Palacio Nacional.  Una manifestación obrerista había ocupado el Zócalo para exigir la reforma de los artículos 27 y 123, considerados “reaccionarios” y “burgueses”.

  Tomó la palabra el líder de los manifestantes, un hombre de buena presencia. Dijo que todo el país vivía bajo la reacción, menos Yucatán.  Ahí el proletariado había tomado el poder.  Ese hombre era Felipe Carrillo Puerto.

  Carrillo Puerto había vivido una existencia política variada y tormentosa.  Fue anti-maderista: en su Estado natal se opuso a la revolución iniciada por el Apóstol de la Democracia, pue para él esa era una revolución burguesa.  Pero luego el mismo se contradijo cuando se alió al huertismo y cuando el usurpador tomó el poder, Carrillo Puerto fue uno de sus propagandistas en Mérida.

  Por cuestiones de política tuvo un duelo con un sujeto y lo mató.  Prófugo, se embarcó en Progreso y se fue a Cuba.  Regresó para unirse al zapatismo.  Luego se hizo carrancista, y se fue con Salvador Alvarado---un comunista aburguesado--- a Yucatán.  Su conducta de socialista antigobiernista dio lugar a quejas, y Carranza lo hizo llamar a México, donde lo reprendió con severidad y lo despachó con cajas destempladas y Carrillo Puerto ahora se hizo obregonista.

  Su tema constante era el proletariado, la liberación de los pobres, pero era el político que mejor vestía: usaba camisas de seda, zapatos de charol y lucía siempre una cadena de oro pendiente de un ojal de la solapa.  Cuando alguien le reprochaba esa conducta burguesa, Carrillo le manifestaba que para combatir mejor a los burgueses había que disfrazarse como burgués.

  La leyenda romántica de Carrillo Puerto, el que mandó escribir la canción “Peregrina” para llevarla de serenata a la periodista angloamericana Alma Reed, debe contrastarse con “otros datos” que nos ofrece la realidad.  Los más cercanos colaboradores le reclamaban a Felipe su cercanía con Obregón, a quien los socialistas miraban como un odioso hombre de capital aliado al imperialismo yanqui.

  Había dicho Carrillo Puerto a sus simpatizantes que no aspiraba a ningún puesto público:  ---si algún día me lanzo de candidato a gobernador---les manifestó alguna vez---podrán ustedes escupirme a la cara.

  Se lanzó de candidato y desde luego que nadie le escupió, porque iba a ser gobernador merced a su alianza con el obregonismo.  Su campaña parecía hecha por los soviets:  en volantes se convocaba a los trabajadores a prepararse para el advenimiento de la República Comunista.  Más de mil muertos causó la campaña de Carrillo para adueñarse del poder en Yucatán.  Los trabajadores que no simpatizaban con la causa socialista fueron objeto de tremenda persecución.  Muchos cayeron en la cárcel o murieron asesinados.  El menos indicio de oposición era brutalmente reprimido. A una manifestación de católicos que protestaban por el intento de Carrillo Puerto de implantar una especie de control obligatorio de la natalidad, mandó arrojarles una bomba de dinamita.

  Vivas polémicas causó el gobierno de Carrillo Puerto.  La prensa de la capital lo acusaba de ser un dictador.  Peor todavía: un dictador dominado por una mujer extranjera (se hacía alusión a Alma Reed) que daba con el gobernador ejemplo de fomentar el concubinato (Carrillo Puerto era casado).  Los partidarios de Carrillo Puerto, en contraste pues tenían “otros datos”, hablaban de su sencillez, la gente lo llamaba simplemente “Felipe” y le reconocían de sus esfuerzos en pro de los indios.

  La ruina de Carrillo Puerto vino de su entrega a Obregón.  Lo adulaba enviándole costosísimos regalos, uno de ellos un aderezo de brillantes que hizo llegar a la esposa de Obregón.  La alhaja--- según se dijo--- cerca de cien mil de aquellos pesos.  No era el único gobernador que daba regalitos  al presidente Álvaro Obregón; al parecer éste esperaba de todos los gobernadores una especie de tributo personal pagadero en obsequios, principalmente joyas.

Al estallar la rebelión delahuertista contra Obregón, se vio Carrillo Puerto en posición de mucho riesgo, pues eran muchos los enemigos que había hecho en Yucatán, y estos se apresuraron en apoyar el levantamiento como medio de deshacerse de aquel a quien juzgaban dictador.

 

 

 

 

 

 

 
 
 

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