FORJADORES DE MÉXICO: GENERAL ANTONIO LÓPÉZ DE SANTA ANNA
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- 23 mar 2025
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Rafael Urista de Hoyps / Cronista e Historiador
Nace Antonio López de Santa Anna en la ciudad de Jalapa, Veracruz, el 21 de febrero de 1794 en el seno de una familia criolla clasemediera de Jalapa, Veracruz, su padre, el licenciado Antonio López, un modesto corredor de hipotecas, había querido dedicarlo al comercio como dependiente en la tienda de un español, pero como el muchacho insistió en que él “no había nacido para trapero” (persona que tiene como oficio vender trapos y otros objetos usados), y como tampoco mostraba inclinación por el estudio, fue dado de alta como cadete en el regimiento Fijo de Veracruz.
El 9 de julio de 1810, fecha en que se inició en la carrera de las armas, Antonio López de Santa Anna tenía 16 años. El grito de Dolores se produjo pocas semanas después, y el 13 de marzo de 1811 el Fijo de Veracruz fue enviado a Tampico con órdenes de exterminar a las gavillas insurgentes que operaban en la Nueva Santander, como se llamaba el actual Estado de Tamaulipas. Para 1812 y bajo las órdenes del coronel realista Joaquín de Arredondo y Muñíz, ya era teniente y para 1821 teniente coronel siempre como realista y combatiendo a los insurgentes mexicanos.
Para ese año se adhirió al Plan de Iguala de Iturbide, luego de haber desertado de las tropas realistas. El 1º de diciembre de 1822 proclamó el Plan de Casamata apoyando el establecimiento de la República y traicionando a su protector Agustín de Iturbide. Después de la abdicación de Iturbide como emperador de México, el 19 de marzo de 1823 el Congreso terminó por establecer la República Federal. En 1829, durante el intento de reconquista por parte de España, ganó el nombre de “Benemérito de la Patria” por sus acciones contra el invasor cuando este fue totalmente derrotado por el general Manuel Mier y Terán y Santa Anna, apropiándose del triunfo, regresó a México ostentándose falsamente como el salvador de la patria. En 1832 se opuso a Anastasio Bustamante, quien había tomado el poder en 1830. En 1833 fue proclamado Presidente junto con Valentín Gómez Farías como Vicepresidente estableciendo una República centralista.
En 1836 marcha contra los rebeldes de Texas que habían proclamado su independencia de México, pero fue derrotado en San Jacinto cuando fue sorprendido junto con su tropa tomando una siesta junto al Río siendo capturado como prisionero y obligado a reconocer la independencia de texana a cambio de su vida y libertad.
El general presidente, a quien los texanos quisieron fusilar a raíz de su aprehensión, no pudo observar una conducta más vil y más cobarde. Se humilló ante Sam Houston el jefe de los texanos, reconoció la independencia de Texas, conviniendo en no tomar las armas contra ella, escribió al nefasto Andrew Jackson, presidente de la unión angloamericana en ese momento, ofreciéndole trabajar por la paz, y a Houston que conferenciaría con el gabinete de Washington a fin de que Texas fuera admitido en la Unión Anglosajona y se hiciera el arreglo de límites entre México y los Estados Unidos en las condiciones que ellos establecieran. Finalmente el esclavista Jackson, después de haber obtenido de Santa Anna lo que él quiso y como él lo quiso, le proporcionó una goleta para hacer el viaje a Veracruz.
Pero antes de terminar este vergonzoso pasaje de la historia de México, queremos hacer referencia a lo que vendría a ser la cereza en el pastel santanista, pues existen versiones un tanto ocultas en la historia oficial de que Antonio López de Santa Anna se comprometió a apoyar secretamente la próxima invasión de México por los Estados Unidos que ya entonces le fue anunciada por el presidente Jackson, mediante una gratificación, llamémosle así, en metálico que podría ascender hasta un millón de dólares. Y por la actuación de Santa Anna en esa cobarde invasión angloamericana casi podemos asegurar la veracidad de esa versión; desde luego que el gobierno estadounidense no le cumplió a Santa Anna lo prometido y mucho menos accedió cuando éste cínico les pedía un “adelantito” por su futuro trabajo de traición.
A pesar de la indigna conducta seguida por Santa Anna en la guerra de Texas, no fue procesado y vergüenza causa ver la cobardía del Congreso, para votar siquiera que se le exigiesen explicaciones sobre su manera de proceder y tampoco hizo nada para fincarle cargos por su vergonzosa derrota, el traidor se fue tranquilamente a su hacienda “Manga de Clavo” a gozar de su autoexilio mexicano. El gobierno mexicano no tuvo más remedio que abandonar la campaña de Texas, porque carente de recursos, los varios generales que se nombró para dirigirla se vieron obligados a renunciar. Mientras tanto Santa Anna se retira a su hacienda Manga de Clavo” en Veracruz, exonerado de todo cargo por el corrupto Congreso. En 1839 estalló una revuelta contra el sistema centralista del presidente Anastasio Bustamante, quien decide marchar a combatirla el mismo dejando a Santa Anna como interino a quien mandó llamar interrumpiendo sus vacaciones; Bustamante y Santa Anna eran grandes amigos desde la época del imperio de Iturbide.
En1839 era Presidente Interino, cargo que ocupó varias veces entre 1840 y 1841. De 1842 a 1844 gobernó con poderes casi absolutos. En diciembre de 1844 un movimiento lo derrocó y en 1845 se le concedió el indulto y se le desterró a la Habana, Cuba, donde permaneció hasta 1846. Pronunciado el general José Mariano Salas en la Ciudadela a favor del federalismo, permitió el regreso de Santa Anna. En 1847 Santa Anna se enfrenta a las tropas invasoras angloamericanas en La Angostura, Cerro Gordo y en diversas batallas alrededor de la ciudad de México, donde facilitó la victoria de los invasores haciéndose acreedor de sospechas de traición. El 16 de septiembre de 1847, el día en que las tropas invasoras toman la capital de la República, Santa Anna huye una vez más ahora a Jamaica, para terminar su destierro en Turbaco, Colombia; un bello poblado colombiano situado a 60 kilómetros de la ciudad de Cartagena.
Llamado por los conservadores en 1853 regresa al país y ocupa nuevamente la presidencia hasta el 9 de agosto de 1955. Su última etapa como Presidente fue un nuevo desastre para el país, pues para adquirir dinero vende a los Estados Unidos una franja fronteriza denominada “La Mesilla” ejerciendo después una dictadura despilfarradora; se hizo llamar “Alteza Serenísima” e impuso cargas fiscales ridículas. El 13 de diciembre se celebró el tratado de venta de los 78,000 kilómetros cuadrados del territorio de La Mesilla (tres cuartas partes de Sonora y una cuarta parte de Chihuahua) en la cantidad de diez millones de pesos, de los que finalmente se pagaron siete. Esta venta escandalosa, que sólo sirvió para enriquecer más al mismo Santa Anna y sus favoritos, y para aumentar el despilfarro y la tiranía del gobierno, acabó por provocar un levantamiento popular contra la dictadura.
En marzo de 1854 se inició la Revolución de Ayutla capitaneada por don Juan Álvarez y el coronel Ignacio Comonfort que logra vencerlo y expulsarlo definitivamente del poder. Intentó volver a participar en la vida pública del país durante la intervención francesa, pero fue repudiado y relegado por todos. Regresó a su destierro en La Habana, Cuba, donde le informaron que su presencia ya no era grata en Cuba, por lo que acabó trasladándose a la isla inglesa de Nassau, Bahamas. Repetidas veces se negó don Benito Juárez a concederle el perdón y permitirle volver a morir en México. Pero Juárez falleció el 18 de junio de 1872 y el nuevo Presidente, Sebastián Lerdo de Tejada, se condolió del viejo caudillo y accedió a sus peticiones. Vivía Santa Anna de las cortas sumas que le pasaba un yerno. Se volvió católico devotísimo y pidió ser enterrado en el cementerio de la Basílica de Guadalupe muriendo sólo en su cama, la noche del 20 al 21 de julio de 1876.
Once veces se sentó en la silla presidencial (se habla de la “silla presidencial” metafóricamente ya que nunca existió como tal, y la silla donde se sentó una vez Pancho Villa sólo es un objeto de museo de la época de Maximiliano). Fue quien mayor número de ocasiones a llegado al Palacio Nacional, y sin embargo en tiempo efectivo no sumó ni siquiera un sexenio. Anhelaba la fama, la gloria y el reconocimiento público en que se inviste el poder, pero rehuía la responsabilidad de ejercerlo. Salvo la última vez que asumió la Presidencia, en las diez anteriores no hizo nada digno de recordarse, excepto construir un teatro al que le puso su nombre, edificarse el mismo una estatua y sepultar con gran pompa la pierna que perdió en una batalla; también se puede mencionar el estreno de nuestro Himno Nacional, mismo que se seleccionó mediante un concurso y cantándose en su teatro el 15 de septiembre de 1854, función a la que no asistió por estar descansando en una de sus haciendas.
Como militar, Santa Anna no pudo haber sido más inepto. El hecho de que el texano Samuel Houston lo atrapara durmiendo en las márgenes del riachuelo del Búfalo, y que lo mismo ocurriera en la llamada “Guerra de los pasteles” cuando los franceses llegaron hasta su domicilio donde, para variar, se encontraba durmiendo y sólo por milagro no lo tomaron preso, merecieron una mención destacada en la famosa serie de Ripley titulada “Aunque usted no lo crea”. También el hecho de que ordenara la retirada de sus tropas en La Angostura cuando el general Taylor ya comenzaba a retirarse derrotado, y que después desaprovechara las inmejorables oportunidades que ofrece el camino de Veracruz a México para obstaculizar el avance del general Scott, lo que seguramente podrían haber efectuado unos cuantos millares de hombres organizados en guerrillas, parece haber sido producto de la ineptitud de Santa Anna, aunque no puede descartarse la probabilidad de que en algún momento interviniera la corrupción debido a las componendas de Santa Anna con los invasores.
Está perfectamente documentado que el general Scott y el diplomático Nicholás Triest estudiaron varias propuestas transmitidas por enviados de Santa Anna que prometían dejarse derrotar en los campos de batalla a cambio de determinadas sumas en dólares. Tanto Triest como Scott dijeron haber rechazado las ofertas por considerarlas deshonrosas Para el ejercito yanqui, pero el rechazo no está totalmente claro en los documentos de la Época. Santa Anna fue traidor al rey de España cuando era realista, a Iturbide su protector, a los federalistas y a los centralistas y quizá sería pasarse de ingenuo el creer que desaprovechara la oportunidad de traicionar a México si con ello podía ganar dinero. Como político careció de ideales y principios. Con una ligereza que raya en la comicidad, se adaptaba a todo y adoptaba a todos por igual. Santa Anna supo aprovecharse de todos y, durante los primeros 35 años de nuestra vida independiente, siempre jugó al deseado, al arbitro de los destinos de nuestro país.
La última presidencia de Santa Anna fue diferente. Como si quisiera recuperar el tiempo perdido, se fijó por primera vez la tarea de gobernar y se rodeó de los principales conservadores de la época, encabezados por el funesto Lucas Alamán. Durante su administración publicó una ley de imprenta que eliminó casi totalmente la prensa libre. Envió al exilio sin ninguna causa justa a destacados miembros del partido liberal como don Melchor Ocampo y don Benito Juárez y, para pacificar los caminos, ordenó la ejecución sumaria de los salteadores, aunque tal orden fue aplicada sin mesura contra los enemigos políticos del régimen.
Sin embargo, una de cal por las que van de arena, desde el nuevo ministerio de Fomento, con apoyo a las ideas de Sebastián Lerdo de Tejada y Joaquín Velázquez de León, el gobierno impulsó la carretera a Cuernavaca y la línea telegráfica a Guanajuato, aceleró la construcción de la línea férrea a Veracruz, estableció bibliotecas en las principales ciudades, promovió la adquisición de maquinaria nueva para las fábricas, se promulgó el primer código de comercio mexicano. Y, para llenar a los mexicanos de patria, el 15 de septiembre de 1854 se estrenó el Himno Nacional.
Obligado por su ambición por el dinero (como buen émulo anacrónico de Andrés Manuel López Obrador) y la insistencia de los Estados Unidos, Santa Anna vendió el territorio fronterizo llamado “La Mesilla”, 78,000 kilómetros cuadrados seccionados a los Estados de Sonora y Chihuahua convenidos en 20 millones de dólares de los que al final los gringos reconocieron sólo diez y finalmente sólo entregaron siete, con el beneplácito y complacencia de Santa Anna, quien recibió los siete millones para alimentar sus excesos de dictador; con el tiempo en el valle de La Mesilla se fundarían las ciudades de Tucson y Bisbee.
La continua y tenaz oposición de los liberales se materializó en una revolución que, encabezada por Juan Álvarez e Ignacio Comonfort, comenzó el 1º de mayo de 1854 y terminó definitivamente con el régimen de Santa Anna, quien abandonó la presidencia y huyó, también definitivamente, del país.
PERÍODOS PRESIDENCIALES DEL GENERAL ANTONIO LÓPEZ DE SANTA ANNA
PRESIDENTE CONSTITUCIONAL 16 DE MAYO A 3 DE JUNIO DE 1833
PRESIDENTE CONSTITUCIONAL 18 DE JUNIO A 3 DE JULIO DE 1833
PRESIDENTE CONSTITUCIONAL 27 DE OCTUBRE A 15 DE DICIEMBRE DE 1833
PRESIDENTE CONSTITUCIONAL 24 DE ABRIL DE 1834 A 28 DE ENERO1835
PRESIDENTE INTERINO 18 DE MARZO A 10 DE JULIO DE 1839
PRESIDENTE PROVISIONAL 10 DE OCTUBRE DE 1841 A 25 DE OCTUBRE DE 1842
PRESIDENTE PROVISIONAL 5 DE MAYO A 6 DE SEPTIEMBRE DE 1843
PRESIDENTE CONSTITUCIONAL 4 DE JUNIO A 12 DE SEPTIEMBRE DE 1844
PRESIDENTE CONSTITUCIONAL 21 DE MARZO A 2 DE ABRIL DE 1847
PRESIDENTE CONSTITUCIONAL 20 DE MAYO A 16 DE SEPTIEMBRE DE 1847
PRESIDENTE CONSTITUCIONAL 21 DE ABRIL DE 1853 A 12 DE AGOSTO DE 1855






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