FORJADORES DE MÉXICO: GENERAL LUCIO BLANCO FUENTES
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- 27 oct 2024
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Rafael Urista de Hoyos / Cronista e Historiador
Nace en la Villa de Nadadores, Coahuila, el general revolucionario Luci Blanco Fuentes. Liberal por herencia, fue descendiente directo de Miguel Blanco, ministro de Guerra en el gobierno de Juárez al triunfo de la Reforma. Sus padres: don Bernardo Blanco y doña María Fuentes, se mudaron a la Villa de Santa Rosa (actual Múzquiz, Coahuila) buscando mejores condiciones de vida y de trabajo, llevando consigo a su hijo Lucio que ya cursaba los siete años. Allí Lucio Blanco inició sus estudios primarios para después dedicarse a los negocios de su padre, don Bernardo, un ranchero agricultor y ganadero.
El general Lucio Blanco ingresó a la Revolución durante la rebelión orozquista en 1912, a las que combatió en las tropas de Luis Alberto Guajardo, oriundo también de Múzquiz. Fue de los primeros en seguir a Venustiano Carranza contra Huerta en marzo de 1913 y también uno de los firmantes del “Plan de Guadalupe” y con el grado de teniente coronel comandó el primer regimiento “Libres del Norte”. El 10 de abril del mismo año tomó la población de Cerralvo, Nuevo León, y dos meses después fue ascendido a general por aclamación de su tropa. A principios de agosto se apoderó de la plaza de Matamoros en el Estado de Tamaulipas.
Con Francisco J. Múgica, que era jefe de su Estado Mayor, y otros subalternos, fraccionó la hacienda “Los Borregos”, perteneciente al traidor Félix Díaz. Así distribuyó títulos de propiedad entre los vecinos, realizando el primer reparto agrario de la Revolución sin consultar a Carranza y provocando con este hecho el enojo del autollamado “Primer Jefe”, pues éste consideraba que él (Carranza) era el único que podía realizar los repartos agrarios puesto que para eso era el jefe de la Revolución.
Como castigo Carranza lo envió al noroeste a las órdenes de su futuro rival Álvaro Obregón. Aceptó ponerse a las órdenes de Obregón y éste, aunque un tanto receloso pero reconociendo la valía de Lucio, lo puso al mando de la caballería del ejército del noroeste con la que realizó grandes hazañas, ya que junto con otro gran revolucionario, Rafael Buelna, fueron clave para que Obregón triunfara en las batallas de Orendáin y El Castillo, los cuales les abrieron las puertas de Guadalajara la que ocuparon inmediatamente. Su relación con Carranza y Obregón fue la típica entre grandes personalidades cuyo éxito de uno implica el opacamiento del otro.
En términos militares Blanco se caracterizó por su ímpetu, y en la política por su independencia. Ante el rompimiento entre Carranza y Villa en 1914 Lucio Blanco dejo al constitucionalismo carrancista y se unió a la Convención de Aguascalientes. Como era jefe militar de la ciudad de México designado por la Convención, su postura obligó a Carranza a buscar refugio en Veracruz en tanto que las fuerzas de la División del Norte de Pancho Villa y las del Ejercito Libertador del Sur de Emiliano Zapata, estaban por llegar a la capital. Durante el gobierno de la Convención figuró en primera línea como secretario de gobernación durante la presidencia del general Eulalio Gutiérrez. Cuando el presidente Gutiérrez desconoció a Villa y Zapata desertando el 16 de enero de 1915, el general Lucio Blanco, sin darle reconocimiento a ninguno de los tres bandos (Villa, Carranza y Eulalio Gutiérrez), decidió salir del país.
Al triunfo de Carranza regresó y fue aprehendido y juzgado por un consejo de guerra, siendo defendido por el gran jurista Jesús Urueta, quien lo salvo del paredón. El triunfo del cuartelazo contra Carranza orquestado por los sonorenses Obregón y Calles con su Plan de Agua Prieta, lo lanzó de nuevo al exilio, pero desde Texas junto con el general Francisco Murguía, iniciaron la trama de un movimiento contra el gobierno de Obregón. Al cruzar el Río Bravo el día 7 de junio de 1922 por Nuevo Laredo, Tamaulipas, el general Lucio Blanco fue presa de una celada muriendo asesinado.
Los sonorenses encabezados por Álvaro Obregón mediante el llamado Plan de Agua Prieta desconocían en el mes de abril de 1920 a don Venustiano Carranza y su gobierno. Los sonorenses fueron grandemente apoyados por la mayoría de los jefes del ejército. Amenazada la capital por las tropas sublevadas, Carranza y todo su gobierno pretendió instalarse en su antiguo refugio del puerto de Veracruz, y salía en masa de la capital el 7 de mayo de ese mismo año.
Iban protegidos por tropas leales a Carranza, entre éstos iba el general Lucio Blanco. El general Blanco, por abundantes conceptos que le han sido reconocidos, fue uno de los revolucionarios de mayor calidad humana, montaba a caballo en lo más angustioso de la marcha de la columna gobiernista, comprendiendo que ya no estaba en sus manos el enmendar aquella situación y a sabiendas de que si caía prisionero irreparablemente sería fusilado, porque Obregón se la guardaba por aquella bofetada que en la Villa de Guadalupe le propino al llamado general invicto.
Saliendo de la estación de Aljibes rumbo a la sierra poblana, Lucio se entrevistó con don Venustiano y éste lo comisionó a que saliera hacia el norte a intentar organizar una fuerza que apoyara a su gobierno. Así lo hizo con un grupo de soldados tomando el camino del norte. Días después, cuando ocurre la tragedia de Tlaxcalantongo y es asesinado Carranza, Lucio nuevamente emprende el camino del exilio.
No se tienen noticias de cuando y por donde cruzó Lucio Blanco el Río Bravo para radicarse en la ciudad de San Antonio, Texas. Lo que sí es un hecho es que estaba de acuerdo con el general Francisco Murguía que igualmente se encontraba en el exilio, quien preparaba un golpe de estado contra el gobierno de Álvaro Obregón, culpando a éste y con razón del asesinato de Venustiano Carranza en mayo de 1920.
No tuvo Lucio una vida pacífica ni necesariamente tranquila al otro lado de la frontera. Los agentes del gobierno mexicano establecieron una estrecha vigilancia al general Blanco buscando el momento oportuno para liquidarlo. El hecho ocurrió el 7 de junio de 1922 cuando Lucio acompañado de otros dos hombres cruzaba el Río Bravo en una lancha, se dijo que iba a visitar a una dama. Al llegar al otro lado sus acompañantes, Ramón García y el coronel Aurelio Martínez, lo ayudan a desembarcar y García, que es el primero en desembarcar, tiende la mano a Lucio, pero rápidamente le pone una esposa en la mano derecha y el otro aro lo coloca en la mano izquierda del coronel Martínez y ambos militares quedan reducidos a la impotencia.
En esos momentos acuden del lado mexicano varios soldados. Lucio Blanco se arroja al agua arrastrando al coronel Martínez y a Ramón García, los soldados comienzan a disparar contra ellos, sin importarles matar al traidor García. Éste y el coronel Martínez reciben varios balazos, mientras Lucio Blanco, sin poder nadar debido a que su mano estaba unida por la esposa de su amigo, perece ahogado y su cadáver, con los de los otros dos, aparece flotando sobre el agua.
De esa forma traicionera murió el general Lucio Blanco, el que a pesar de lo cuidadoso que siempre fue en esa ocasión no se cuidó, y una vez más lo traicionó su pasión por las faldas. El pueblo de México y el de Coahuila especialmente tienen una deuda con este gran militar. Era un partidario de la justicia y no se le puede tachar de haber sido asesino, ni arbitrario ni deshonesto, dejó como ejemplo su limpieza de carácter y de proceder.






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