FORJADORES DE MÉXICO: GENERAL MANUEL MIER Y TERÁN
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- 13 oct 2024
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Rafael Urista de Hoyos / Cronista e Historiador
José Manuel Rafael Simeón de mier y Terán, nació el 18 de febrero de 1789, en la ciudad de México. Fue el mayor de los hijos de don Manuel de Mier y Terán y de doña María Ignacia de Teruel y Llanos.
Mier y Terán mostró grandes aptitudes para las matemáticas y la ingeniería. Siendo alumno distinguido del Colegio de Minaría de la ciudad de México, presentó un examen público ante el Barón de Humboldt, lo que le valió un gran reconocimiento del ilustre visitante.
Se incorporó en el año 1811 a las fuerzas insurgentes que combatían al poder español, bajo las órdenes del general Ignacio López Rayón en Saltillo, distinguiéndose desde un principio por sus conocimientos de artillería.
Un año después militó con el caudillo José María Morelos y Pavón. Con él participó en el poblado de Izúcar, que estaba sitiado por el general realista Ciriaco del Llano a quien finalmente derrotaron. Mier y Terán fue de gran ayuda para el general Morelos en la reorganización de sus tropas. En el ataque a la ciudad de Oaxaca, en el mes de noviembre de 1812, tomó parte bajo las órdenes del jefe militar Antonio Sesma. De ahí pasó a la campaña del general Vicente Guerrero en la Costa Grande.
Cuando quedó constituido el Congreso de Chilpancingo convocado por el general Morelos el 15 de septiembre de 1813, el general Mariano Matamoros fue proclamado comandante en jefe de los ejércitos de las provincias de Tecpan, Oaxaca, México, Puebla, Veracruz y Tlaxcala. Después del evento, el generalísimo Morelos acordó que el comandante Matamoros fuera a tomar Valladolid para que el congreso se pudiera instalar en aquella ciudad. En noviembre de ese año 1913 salió con sus tropas a ese lugar. Lo acompañaba Manuel Mier y Terán.
Cuando el ejército insurgente, al mando del comandante Mariano Matamoros, acampò en la hacienda de San Francisco llegó la noticia de que las fuerzas realistas, bajo las órdenes del teniente coronel José Martínez, llevaba un gran cargamento de tabaco y víveres procedente de la ciudad de Orizaba. Se dirigía a la ciudad de Puebla y descansaría en el poblado de San Agustín del Palmar.
Mariano Matamoros junto con Manuel Mier y Terán, ordenó avanzar a San Agustín del Palmar con dos regimientos con el fin de sorprender a los realistas, sin embargo los sorprendidos fueron los insurgentes ya que los realistas de José Martínez ya los estaban esperando. La batalla duró ocho horas y los esforzados soldados de Matamoros dirigidos por Mier y Terán lograron derrotar al famoso Batallón de Asturias quienes huyeron hasta Quecholac, Puebla.
Manuel Mier y Terán operaba en el Valle de Tehuacán cuando el caudillo Morelos decidió dirigirse con sus trágicas consecuencias a esa población, custodiando al Congreso. Numerosos miembros del gobierno insurgente lograron llegar a ese lugar y ponerse a salvo. En el año de 1814 lo nombraron teniente coronel. Para ese entonces ya había colaborado en la toma de toda la región de Puebla al lado de los principales líderes del movimiento.
En ese mismo año, las fuerzas insurgentes que Mier y Terán dirigía, estaban sitiadas en el pueblo de Silacoayapan, Oaxaca, por el ejército realista comandado por el comandante Isidoro Sáinz de Alfaro y Beaumont. El día 27 de julio Mier y Terán en una acción de sorpresa logró romper el sitio para que sus tropas pudieran escapar de los realistas que nada pudieron hacer por recapturarlos. Gracias a esta acción, el Congreso de Chilpancingo le otorgó el grado de coronel. Continuó combatiendo en los Estados de Puebla y Veracruz, logrando en este último lugar un gran triunfo sobre las fuerzas españolas del poblado de Coatzacoalcos, con un enorme botín en armamento y municiones.
En el año de 1815, Manuel Mier y Terán evitó una guerra entre las distintas facciones de insurgentes que intentaban dominar al Congreso de Chilpancingo que había proclamado la independencia de México en 1813, al tomar para sí el mando del ejército insurgente a la muerte del generalísimo Morelos.
Después de la muerte del general José María Morelos ocurrida el 22 de diciembre de 1815, el movimiento insurgente comenzó a decaer, pues los distinto grupos que luchaban por la independencia se habían dividido. Otra razón que influyó para el debilitamiento del movimiento libertario fue que el virrey Félix María Calleja, ofreció indultos a los principales jefes insurgentes y a los que no aceptaron el perdón, los persiguió hasta eliminarlos o reducirlos a prisión.
De los pocos líderes que continuaban en la lucha, ninguno tenía el carisma ni la capacidad de tomar el mando de los pocos insurgentes que quedaban. De los pocos que sobrevivieron en 1815, el que más méritos tenía era el coronel Manuel Mier y Terán, quien poseía una amplia capacidad militar.
El coronel Mier y Terán organizó y disciplino a su ejército y junto con sus hermanos Juan y Joaquín se atrincheró en el Cerro Colorado localizado en el centro del valle dominando la región del cruce de caminos entre Puebla, Veracruz y Oaxaca. Ahí se mantuvo por más de dos años hasta que finalmente fue derrotado en Playa Vicente en julio de 1816, Finalmente fue obligado a capitular en enero de 1817 obteniendo por esta decisión grandes ventajas para su tropa.
Desoués de la capitulación del Cerro Colorado Mier y Terán se unieron al general Guadalupe Victoria, que tenía la misión de dirigirse a la región de Tehuacán, Puebla, ya que en ese lugar se controlaba el paso hacía el puerto de Boquilla de Piedras en Veracruz, de donde los realistas recibían armas y municiones del extranjero. En Tehuacán se encontraron frente a un ejército realista que los superaba en número y armamento, aún así los insurgentes lucharon valientemente destacando la actuación de Mier y Terán quien a su pesar fueron obligados a rendirse a las fuerzas virreinales bajo el comandante José Gabriel de Armijo. Luego de esta acción las autoridades españolas les ofrecieron un indulto que por supuesto no aceptaron.
Una vez derrotado Mier y Terán, el virrey Juan Ruiz de Apodaca, estaba seguro que el territorio de la Nueva España estaba totalmente pacificado, pues sólo quedaban unas pequeñas zonas, donde había grupos de insurgentes que actuaban más como bandoleros que como libertadores, como era el caso de los insurgentes del sur donde en el hoy Estado de Guerrero los guerrilleros Vicente Guerrero y Pedro Ascencio eran invencibles para los virreinales quienes nunca pudieron derrotarlos.
El virrey Juan Ruiz de Apodaca, en un intento por derrotar totalmente la insurrección, nombra como jefe del ejército virreinal al comandante Agustín de Iturbide, quien era de los realistas que más se habían distinguido en la lucha contra los insurgentes, pero éste al convencerse que nunca podría vencer a los jefes insurgentes Vicente Guerrero y Pedro Ascencio, los convenció para unidos los dos ejércitos proclamarán la independencia de México.
En el año 1821 se proclamó el “Plan de Iguala” donde se manifestaban tres garantías: La Independencia de México, la igualdad para españoles, criollos y naturales y la supremacía de la Iglesia católica. Dicho plan era un programa político cercano tanto a los liberales como a los tradicionalistas católicos.
Ese mismo año el coronel Manuel Mier y Terán, ya liberado por el Plan de Iguala, se reincorpora al ejercito del general Nicolás Bravo, quedando a cargo de la artillería. Al año siguiente en abril de 1822, el Congreso Constituyente nombró al general Bravo Consejero de Estado y miembro de la segunda Regencia.
En el transcurso de 1822, una gran parte del pueblo mexicano, influenciado por activistas políticos partidarios de Iturbide, solicitaron que el general Agustín de Iturbide fuera elegido emperador de México, ya que en el acta de independencia se establecía que la nueva nación se convertía en un imperio. Finalmente, las acciones de los iturbidistas acompañados por grandes manifestaciones populares lograron que un Congreso temeroso y titubeante nombrara emperador a Iturbide con el nombre de “Agustín I” el 22 de julio de 1822. Durante el imperio de Iturbide, Manuel Mier y Terán fue nombrado diputado al Congreso mexicano por el Estado de Chiapas.
Como era de esperarse, el imperio no duró mucho tiempo, pues a finales del mismo año en que inició. El general Antonio López de Santa Anna se enfrentó a Agustín I proclamando el “Plan de Casamata” en el que pedía la reinstalación del Congreso Constituyente que había disuelto Iturbide, el derrocamiento del imperio y la promulgación de la República. Al plan de Casamata se adhirieron los antiguos insurgentes: Guadalupe Victoria, Nicolás Bravo, Vicente Guerrero y desde luego su autor López de Santa Anna; aunque éste último, que había sido realista y cruel enemigo de los insurgentes, ahora se exhibía como un acérrimo independentista.
Al desaparecer el imperio e Iturbide salió desterrado a Italia, en diciembre de 1822 se formó un gobierno de transición entre el imperio y la República llamado “Supremo Poder Ejecutivo”, en donde se eligieron al frente de éste a los generales Guadalupe Victoria, Pedro Celestino Negrete y Nicolás Bravo.
En febrero del año 1824, cuando tenía 34 años, el coronel Manuel Mier y Terán contrajo matrimonio con doña Josefa Velasco de Teruel. En marzo de ese mismo año, fue nombrado Ministro de Guerra en el gobierno de transición. Siguió en el mismo cargo siendo reafirmado por el general Guadalupe Victoria cuando éste fue nombrado Presidente de la República el 1º de octubre de ese mismo año.
Por ese tiempo, en los meses de marzo a octubre, lo enviaron como comisionado a La Huasteca para arreglar los pertrechos defensivos en caso de una posible invasión, pues ya se rumoraba que en España se estaba preparando un ejército para recuperar lo que antes era la Nueva España.
Debido a las diferencias que Mier y Terán tenía con el presidente Victoria, originadas desde que fueron compañeros en la toma de Oaxaca en 1812, cuando se disputaban el mando, decidió dejar el cargo de ministro de guerra que recién ocupaba, en el mes de diciembre de 1824.
Luego de su renuncia, ocupó el puesto de inspector de las defensas del Estado de Veracruz por la amenaza de la posible invasión, al mismo tiempo que fue candidato a ministro mexicano en Inglaterra en el año 1825. También lo nombraron director del Colegio de Artillería de México cargo que dejó en 1827, para dirigir la Comisión de Límites entre México y los Estados Unidos.
La Comisión de Límites salió de la ciudad de México el 10 de noviembre de 1827 y se dirigió primero a Tamaulipas y después a Texas, donde llegó a la ciudad de San Antonio, el 1º de marzo de 1828. Su grupo estaba integrado por los señores: Constantino Tárnava, Rafael Chovell y José Batres, así como por el botánico y zoólogo francés Jean-louis Berlandier y por el cartógrafo y artista José María Sánchez Tapia, quien más tarde ocuparía el cargo de comandante de los estados internos de oriente; cada uno llevaba un diario que sería publicado en partes. La Comisión permaneció en Texas hasta el 16 de enero de 1829 en que su titular Manuel Mier y Terán decide regresar a la ciudad de México,
En el informe sobre la comisión que entregó al Presidente Victoria recomendó que se tomaran estrictas medidas para impedir que los Estados Unidos adquirieran el territorio de Texas, que medía más de un millón de kilómetros cuadrados, pues de acuerdo a informes secretos que logró recabar por medio de espías pagados, el gobierno estadounidense tenía preparado un plan para apoderarse del territorio texano “como quiera que fuese necesario”. Mier y Terán también describe los “métodos” usados por los texanos, que en una gran mayoría son filibusteros estadounidenses, para lograr sus propósitos separatistas. También informa al gobierno que con su presente política y organización era imposible retener por mucho tiempo a Texas y que auspiciados por los Estados Unidos muy pronto se rebelarían contra el gobierno mexicano.
Después de cumplir esta comisión, Manuel Mier y Terán fue enviado a secundar al comandante Antonio López de Santa Anna, a la ciudad de Tampico, y atacar a la expedición del general español Isidro Barradas, que intentaba reconquistar México. El ataque contra los españoles en la población de “Pueblo Viejo” sucedido el 20 de agosto de 1829, fue enteramente planeado y ejecutado con absoluto éxito por el coronel Manuel Mier y Terán mientras que López de Santa Anna, sin haber participado en la batalla, llega a la ciudad de México apropiándose del mérito de la expulsión de los fallidos invasores y exhibiéndose como el “salvador de la Patria”.
Es importante recordar que en el año 1829, Manuel Mier y Terán, estaba considerado como uno de los más fuertes candidatos para suceder al Presidente Guadalupe Victoria. El general Vicente Guerrero se postuló como uno de los aspirantes al cargo, considerándose muy popular y que contaba con el apoyo de la gente. Por ese entonces las elecciones presidenciales no eran por medio del voto popular, sino que eral las legislaturas de los Estados las que decidían la elección, y estas favorecieron al antiguo realista Manuel Gómez Pedraza, como nuevo Presidente. Este hecho decepcionó en gran medida a Mier y Terán.
El general López de Santa Anna se rebeló contra la elección en el poblado de Perote, Veracruz, por su parte Lorenzo de Zavala y otros alborotadores encabezaron un motín en la ciudad de México que terminó con la renuncia de Gómez Pedraza. El motín en la ciudad de México se planeó en el edificio de La Acordada y por eso la revuelta toma el nombre de la misma y azuzando a la plebe (el pueblo bravo de la ciudad formado por vagos y malvivientes) para saquear el llamado “Parian” un conjunto de locales comerciales instalados en la Plaza de la Constitución; el actual “zócalo”. Finalmente, el Congreso designó al general Vicente Guerrero como Presidente de la República y al general Anastasio Bustamante como vicepresidente, el 1º de abril de 1829.
Por desgracia se inició una de las crisis del nuevo Estado pues el general Anastasio Bustamante, el vicepresidente, encabeza una rebelión contra su mismo presidente Vicente Guerrero. Esto significaba que había una profunda división entre los partidos, que acentuó la fractura institucional. Declarado por el Congreso imposibilitado para gobernar la República, el 16 de diciembre de 1829, el general Vicente Guerrero dejó su cargo como Presidente, y se fue hacía su amado sur donde inicia una nueva guerra civil.
El nuevo Presidente de México Anastasio Bustamante, antiguo realista, nombra a Mier y Terán comandante general de la provincia oriental, en el año 1830. Su misión era supervisar los asuntos políticos y militares en Texas, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. En el año 1832, Mier y Terán inició una campaña militar en Tamaulipas, en donde fracasó en el intento de apoderarse de la ciudad y puerto de Tampico.
Los acontecimientos de los últimos años desalentaron en gran medida al general. Aunado a ello, su esposa se encontraba muy enferma. Se sentía sólo y desilusionado por los acontecimientos políticos y militares del país. Se cree que todo eso lo motivó a acabar con su vida.
Manuel Mier y Terán, se suicido con su propia espada el día 3 de julio de 1832, en el curato del templo de San Antonio, en el poblado de Padilla, Tamaulipas. Tenía 43 años.
Don Manuel Mier y Terán es uno de los personajes que más se distinguieron entre los mexicanos independientes, por sus conocimientos, sus servicios a la patria y su constante dedicación al estudio. Sin embargo, aún siendo un gran personaje con perfiles plenos de heroicidad, la historiografía mexicana, siempre equivocada y manipulada por políticos mexicanos siempre ignorantes y siempre estúpidos, lo ha relegado al sombrío y cruel olvido.






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