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FORJADORES DE MÉXICO: GENERAL VICENTE GUERRERO SALDAÑA

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  • 15 sept 2024
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Rafael Urista de Hoyos / Cronista e Historiador


  En el hogar de una familia campesina del poblado de Tixtla, en el hoy Estado de Guerrero, nació un día 10 de enero de 1783 y le pusieron por nombre Vicente Ramón.  Sus padres fueron don Juan Pedro Guerrero y doña María Guadalupe Saldaña.  Ellos eran de origen mestizo mulato, pues en la época colonial llegaron a la región hombres de raza negra que trajeron de África.

  Sus padres y sus hermanos eran arrieros y poseían varios animales de carga que les permitían también ejercer el comercio.  En aquel entonces, la arriería era una profesión muy importante para el progreso del país ya que se encargaban de trasladar mercancías y demás productos entre los diferentes núcleos de población; lo que actualmente son las compañías fleteras y de carga y de paquetería.

  Aunque no poseían tierras, su actividad les daba lo necesario para vivir holgadamente.  Su padre y sus tíos portaban armas para defenderse de los salteadores de caminos cuando iban a tratar con los comerciantes más ricos de la región, por lo que Vicente estuvo desde pequeño familiarizado con las armas.  Desde niño ayudó en los diferentes oficios y negocios de la familia.  Ya diferencia de lo que pueda pensarse, después de la educación elemental que realizó en la parroquia de Tixtla, sus padres le pusieron maestros particulares para que tuviera una educación lo más completa posible.

  Cuando se inició el movimiento insurgente hasta su pueblo llegó la noticia.  Se supo que el Ejército Insurgente se acercaba al poblado de Tecpan, cercano a Tixtla, y como muchos de los jóvenes de la región, al saber del general don José María Morelos y Pavón y de los propósitos de su levantamiento, estuvo convencido de unirse a la causa.  Luego de avisar a sus padres de su decisión, a principios del año 1811, se unió al ejército donde inició su carrera militar bajo las órdenes directas de don Hermenegildo Galeana, quien le habló más ampliamente de los motivos de la insurrección.

  Como estaba acostumbrado a las armas, muy pronto logró ascender en la milicia.  El general Morelos, le concedió el grado de capitán y le ordenó instruirse en el manejo de las armas, en estrategia guerrera y la fabricación de pólvora.  Le comisionó al jefe Hermenegildo Galeana atacar la población de  Taxco y éste me llevó como su segundo, y luego de vencer una dura resistencia española logramos pacificar la comarca.

  En Taxco esperaron la llegada del general Morelos que tenía planeado subir a los valles de la Mesa Central.  Los soldados insurgentes que combatían en la ciudad de Toluca le solicitaron al general ayuda y envió a Galeana a que se adelantara.  Se dirigieron de inmediato al sitio y apenas si llegaron a auxiliarlos a Tecualoya.  Finalmente pudieron vencer al enemigo que estaba bajo las órdenes de los jefes realistas Porlier, Michelena y Toro, en enero de 1812.  Después se unieron al grueso del ejército para  participar en la toma de Izúcar a donde había llegado el caudillo Morelos el 10 de diciembre de 1811.  Este lugar era un punto estratégico para la lucha de la Independencia.

  La batalla duró más de cinco horas y bajo la dirección del general don Mariano Matamoros hicieron retroceder a las fuerzas realistas hasta que estas abandonaron el campo.  El jefe realista coronel don Miguel Soto Macedo recibió un balazo en el vientre y otro en la cabeza y se supo que murió días después.  Los españoles llegaron con muchas dificultades hasta el pueblo de La Galarza, donde se dispusieron a pasar la noche.  El general Matamoros dio la orden de atacarlos por la retaguardia tomándolos por sorpresa.   El enemigo huyó en desbandada hacia el pueblo de Atlixco dejando en el campo un cañón, un obús y armas de fuego.

  El grueso del Ejército Insurgente partió para Cuautla.  El general Morelos le encomendó guardar el poblado de Izúcar con una guarnición de 200 soldados.  Pocos días después, el 23 de febrero de 1812, se recibió la noticia de que se aproximaba una tropa realista bajo las órdenes del general Ciriaco del Llano.  Vicente ubicó a sus hombres en lugares estratégicos y así recibimos a los españoles.  Gracias a la ayuda del párroco señor don José María Sánchez de la Vega y de toda la gente del pueblo lograron resistir durante dos días.  Al general Del Llano no le quedó más remedio que retirarse con su tropa sin conseguir la plaza.

  Acampó con sus hombres en el cerro de Papalotla, donde fueron atacados por el capitán español José de la Peña, que comandaba una tropa de 700 hombres.  Vicente por su parte reunió a numerosos habitantes de la región y los preparó como pudo con garrotes y machetes y con alguna que otra arma.  Lograron derrotar a Peña porque los tomaron por sorpresa.  Tomaron 40 prisioneros, además de obtener un gran número de fusiles que buena falta les hacía.  De ahí se dirigieron al rancho de Otamala donde reorganizó a sus soldados.

  Como se encontraban por el rumbo del sur, a principios de 1812, recibió la orden de integrarse a las fuerzas del mismo Morelos para participar en la toma de la ciudad de Oaxaca.  El día 25 del mismo mes se incorporó a los jefes militares Mariano Matamoros y Hermenegildo Galeana.  Entraron a Oaxaca con sus respectivas tropas, luego de una dura batalla donde se logró capturar al comandante español don Regules Sarabia Aristi, jefe y defensor de la plaza.

  Después de este triunfo, el general Morelos salió de Oaxaca el 9 de febrero de 1813, rumbo al puerto de Acapulco, que era un lugar estratégico por donde las autoridades virreinales realizaban gran parte de sus actividades comerciales, por la ruta mixteca.  A Vicente lo comisionó para que reforzara la zona costera de esa región.  Tomó con su ejército Puerto Escondido y Santa Cruz Huatulco.  De ahí se dirigió al puerto de Acapulco para apoyar la toma de esa plaza.  El general don José María Morelos ordenó iniciar el ataque al puerto el día 6 de abril de 1813.

  La toma de Acapulco fue muy difícil.  Después de varias semanas de asedio, tuvieron muchas pérdidas, al igual que los soldados realistas.  El caudillo convocó a sus jefes militares para idear juntos estrategias para acabar con el enemigo.  Por fin, el día 20 de agosto de 1813 lograron los insurgentes triunfar sobre los realistas y ocupar el puerto.  Vicente Guerrero continuó bajo las órdenes directas del general Morelos, quien lo envió a combatir el sur de Puebla.

  Por su parte el general Morelos instauró un congreso de representación nacional en la ciudad de Chilpancingo donde se estableció la creación de un Congreso que da forma republicana a la Independencia de México el día 13 de septiembre de 1913 y al año siguiente promulga la Constitución en el poblado de Apatzingán, Michoacán.  El Congreso lo integraron muchos de los hombres que forjaron la lucha insurgente.

  El general Morelos inició el 7 de noviembre de ese año una nueva campaña cuyo objetivo era la ocupación de la ciudad de Valladolid.  Por desgracia el ataque que iniciaron no fue favorable para los insurgentes, y tuvieron que huir hasta Chupío,  Después avanzaron hasta la plaza de Puruarán decidiendo atacar a los realistas que defendían la plaza, pero estos superaban en proporción de 4 a 1 a los insurgentes y los vencieron el 4 de enero de 1814.

  En una acción de esta batalla fue capturado el general don Mariano Matamoros al que condujeron a la ciudad de Pátzcuaro.  Fue en vano la propuesta que le hizo don José María Morelos al virrey Calleja de intercambiarlo por doscientos prisioneros del Batallón de Asturias.  Lo fusilaron en la plaza principal de la ciudad de Valladolid (hoy Morelia) el 3 de febrero de 1814.

  La táctica de Vicente Guerrero en sus luchas contra los realistas, consistía en ataques sorpresivos y rápidos que resultaron muy efectivos.  Muchas veces recibió tiros de los realistas a quemarropa y cuando fue necesario, se enfrentó directamente a luchar con arma blanca saliendo siempre ileso en los distintos enfrentamientos.

  El jefe militar José Gabriel de Armijo atacó al general Hermenegildo Galeana en el cerro del Veladero donde estaba atrincherado.  Luego de resistirse al máximo perdió la plaza por falta de víveres y municiones.  Don Hermenegildo huyó con algunos hombres pero sufrió una emboscada cerca del pueblo de Coyuca, donde por desgracia perdió la vida luchando bravamente como siempre lo hacía.  Los españoles llevaban su cabeza en una lanza como si fuera un trofeo; esto sucedió el 27 de junio de 1814.

  Guerrero nunca imaginó que el general Juan Nepomuceno Rosainz, uno de sus aliados, los traicionara e informara al virrey Félix Marí Calleja los pasos que seguía el general Morelos, que avanzaba con su ejército por la margen derecha del Río Mezcala hacía Tezmalaca donde esperaba encontrarlo.  Mientras don José María Morelos descansaba en ese poblado, el general realista Manuel de la Concha, avisado por Rosainz, cruzó el río Mezcala y los tomó por sorpresa.  Fue en vano todo, lo hicieron prisionero y fuertemente escoltado lo llevaron a las mazmorras de la Inquisición en la ciudad de México.

  Luego de varios juicios lo declararon culpable por el delito de alta traición al rey, a la patria y a Dios.  El Generalísimo Morelos fue fusilado en San Cristóbal Ecatepec, el día 22 de diciembre del año 1815.

  A partir del año 1816, después de la muerte del Generalísimo Morelos, título que le dio el Congreso de Chilpancingo, aunada a las de Matamoros y Galeana, la mayoría de los jefes insurgentes se retiraron de la lucha y esta decayó.  Fueron muy pocos los que siguieron combatiendo, siendo los principales Vicente Guerrero y el gran guerrillero Pedro Ascencio.  La muerte de Morelos les infundió valor y determinación para seguir con el movimiento insurgente.  Guerrero continuó participando en los Estados del sur de México en el período llamado de “resistencia”.  Para entonces Vicente Guerrero era reconocido como General en Jefe del Ejército del Sur, manteniendo una comunicación constante con el jefe militar Pedro Ascencio Alquesiras, quien se encargaba de las ciudades de Iguala y Taxco.

  Era muy evidente que la lucha insurgente declinaba cada día más.  El nuevo virrey don Juan Ruiz de Apodaca aprovechó esta situación para ofrecer un indulto a aquellos soldados insurgentes que renunciaran al movimiento.  Muchos jefes independentistas aceptaron la propuesta y se rindieron.

  Para deshonra de su familia, su padre Juan Pedro Guerrero, se volvió partidario del gobierno virreinal, a tal grado que entró al servicio activo de los llamados “patriotas”.  El virrey Apodaca lo envió para que intentara convencerlo de que entregara las armas y aceptara el indulto ofrecido.  Guerrero, que en ese momento no sabía de la defección de su padre, estaba totalmente seguro de sus ideales y ni siquiera los ruegos de su padre podían persuadirlo, por lo que frente a su tropa le respondió:  “Señores, este es mi padre, ha venido a ofrecerme el perdón de los españoles y un trabajo como general español.  Yo siempre lo he respetado, pero “la Patria es primero”.

  A pesar de que contaba con muy pocas tropas, pues muchos soldados habían dejado la lucha, continuaron manteniendo  el movimiento de insurrección, el comandante Pedro Ascencio Alqueciras y Vicente Guerrero, en las zonas montañosas del sur.  El ejército realista dirigido por el general Agustín de Iturbide a quien el virrey Apodaca había nombrado Comandante General del Sur, marchó hacía esa región y los persiguió por distintos lugares, sin que lograra derrotarlos en ninguna batalla.  Poco después, Guerrero recibió una carta del general Iturbide con fecha 10 de enero de 1821, en la que me invitaba a terminar con la guerra y una vez más Guerrero rechazó la propuesta de Iturbide que no era más que un indulto disfrazado.

  Guerrero mantuvo una limitada pero exitosa guerra de guerrillas.  Él se daba cuenta que estaba marginado del centro de los acontecimientos, por eso, y después de un corto intercambio de cartas entre los dos, finalmente aceptó la invitación de Iturbide a tener una reunión en la población de Acatempan, el 10 de febrero de 1821.  En ese lugar Iturbide le propuso la independencia de la Nueva España, el mantenimiento de la religión y la unidad de los novohispanos.  Guerrero, después de una corta  pero cordial discusión respecto de algunos puntos aclaratorios sugeridos por él, aceptó la propuesta de Iturbide sellando el acuerdo con un abrazo.

  El 24 de febrero 1821 Guerrero e Iturbide elaboraron un plan que se llamó El Plan de Iguala o de las tres garantías, donde se plasmaron las condiciones que dieron por resultado el fin de la Guerra de Independencia y la emancipación y la libertad de todos los mexicanos.

  El Plan de Iguala era un programa político cercano tanto a los tradicionalistas católicos como a los liberales y proclamaba la unión de todos los habitantes del territorio nacional tanto como mexicanos, criollos y españoles.  Para sostener dicho plan, se conformó el llamado Ejército Trigarante o de las tres garantías que reunía a las tropas de Guerrero y demás guerrilleros mexicanos, con las de los realistas de Iturbide; más adelante se irían integrando poco a poco la mayoría de  las demás guarniciones realistas del país.  Muy pronto el Ejército Trigarante, que quedó al mando de Iturbide,  pasó a dominar todo el territorio nacional.  El plan recibió el apoyo de todas las tropas y autoridades de la otrora Nueva España excepto las de la capital.

  Sólo hasta después del acuerdo firmado entre Iturbide y don Juan O”Donojú, el último virrey español, en los llamados Tratados de Córdoba, las fuerzas de México capitularon y el 27 de septiembre pudieron entrar las fuerzas liberadoras a la capital, con Iturbide, Guerrero y O”Donojú al frente.  La Independencia de México se había logrado después de once años y once días de lucha contra el imperio español.  Al día siguiente 28 de septiembre una junta, reunida poco antes en el pueblo de Tacubaya, promulgó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano; este día marcó el nacimiento de un nuevo país:  MÉXICO.

  Muchos mexicanos solicitaron que el general Agustín de Iturbide fuera elegido emperador de México.  Según él no quería ocupar el cargo, pero los hombres que lo propusieron  lograron que lo nombraran Emperador de México, con el nombre de Agustín I, el 22 de julio de 1822.  Gran parte de los generales insurgentes reprobaron este nombramiento e iniciaron un complot.  Guerrero aceptó en un principio al general Iturbide como emperador y fue nombrado por él, “Gran Cruz de la Orden de Guadalupe” y general del Ejército Imperial.

Al establecerse el imperio, fue evidente que los intereses de los insurgentes y los del grupo reaccionario de Iturbide eran muy diferentes, de manera que Guerrero y Nicolás Bravo terminaron luchando contra el imperio.  Muy pronto Guerrero desconoció al emperador Agustín I y tomó la decisión de huir de la ciudad de México en compañía del comandante Nicolás Bravo.

  Como era de esperarse, el imperio de Iturbide duró poco tiempo.  A finales del año 1822, el general Antonio López de Santa Anna se enfrentó al emperador y proclamó la República mediante el Plan de Casamata. El plan lo firmaron los generales Antonio López de Santa Anna, Nicolás Bravo y Vicente Guerrero, entre otros.

  Mientras se reinstalaba el Congreso al que había disuelto Iturbide, se formó un gobierno de transición entre el imperio y la República llamado Supremo Poder Ejecutivo formado por un triunvirato con los generales Nicolás Bravo, Pedro Celestino Negrete y Guadalupe Victoria; Guerrero fue nombrado miembro suplente.  Esta forma de gobierno duró cerca de dos años, hasta que se eligió al general Guadalupe Victoria como primer Presidente de la República y al general Nicolás Bravo como Vicepresidente.  Guerrero fue nombrado Ministro de la Guerra y Jefe Militar.

  Después de la caída del primer imperio, Vicente Guerrero empezó a participar en la vida política a través de las logias masónicas del rito de York de tipo demócrata y liberal a las que se unieron los federalistas y los antiespañoles.  El comandante Nicolás Bravo pertenecía a la Logia masónica Escocesa de tipo conservador y centralista, donde él era uno de los principales dirigentes.

  En el año 1828 Guerrero fue postulado candidato a la Presidencia de la República al término del gobierno de Guadalupe Victoria, con el apoyo de don Lorenzo de Zavala, de su amigo el embajador de los Estados Unidos don Joel Roberts Poinsett y de otros destacados miembros de la logia Yorkina a la que él pertenecía.

  El voto indirecto de los congresos estatales, que de acuerdo a la Constitución eran los encargados de designar al presidente y no el voto popular, favoreció al general Manuel Gómez Pedraza por once votos contra nueve.  El general Gómez Pedraza tomo posesión de su mandato mientras que los yorkinos radicales fomentaron varias protestas alegando fraude en esa elección.

  Los abusos cometidos a la población por el recién electo presidente en los primeros meses de su mandato, generaron un nuevo movimiento revolucionario conocido como de La Acordada, secundado por el general López de Santa Anna quien se rebeló en el poblado de Perote en Veracruz.  En la ciudad de México hubo muchas protestas y Lorenzo de Zavala encabezó un motín que la plebe tomo de pretexto para saquear el conjunto de locales comerciales conocido como El Parián, suceso que terminó con la renuncia del general Gómez Pedraza a la Presidencia de la República.El Congreso finalmente designó al general Guerrero como Presidente y como vicepresidente al general Anastasio Bustamante; antiguo realista.  Guerrero contaba 46 años cuando tomó posesión de su nuevo cargo el 1º de abril de 1829.

  La etapa de Guerrero como Presidente de la República duró pocos meses: de abril a diciembre del mismo año de su elección 1829. Se tuvo que enfrentar a una terrible oposición que alegaba que su designación como Presidente había sido ilegítima.  Aunado a esto los Estados de la República no estuvieron de acuerdo con las políticas fiscales que el Secretario de Hacienda, Lorenzo Zavala, quiso instaurar al mismo tiempo que sus propios compañeros yorkinos conspiraron contra su amigo el embajador de los Estados Unidos Joel Roberts Poinsett, según ellos por ser una mala influencia para él como presidente logrando finalmente su expulsión del país.

  En el mes de septiembre les llegó la noticia de que la armada española intentaba reconquistar México, bajo las órdenes del brigadier Isidro Barradas.  De inmediato Guerrero ordenó a los generales López de Santa Anna y Manuel Mier y Terán que se encontraban cerca del puerto de Tampico, lugar donde desembarcaron las fuerzas españolas, que las enfrentaran.  La batalla fue breve y el general Mier y Terán consiguió derrotar a los invasores mientras que Santa Anna se limitó a observar la contienda aunque después llegó a México presumiendo una gran victoria para él y ostentándose como el “salvador de la patria”.

  El día 15 de septiembre de 1829, Guerrero expidió el decreto llamado: “Abolición de la esclavitud”, que había sido promulgado por el cura don Miguel Hidalgo y Costilla el 6 de diciembre de 1810.  Por medio de este acto protocolario se oficializó la posición de la República mexicana.  Sin embargo, esta posición oficial fue desfavorable a los intereses de la gran cantidad de colonos estadounidenses que habitaban en el Estado mexicano de Texas.

  El general Vicente Guerrero pronto fue acusado por sus detractores de violar la Constitución y de actuar en forma ilegal. Su propio vicepresidente, Anastasio Bustamante, en el mes de diciembre encabezó un levantamiento en su contra con el  Plan de Jalapa y ayudado por su acérrimo enemigo, Lucas Alamán, logró que el día 16 de diciembre de ese año, el Congreso lo declarara imposibilitado para gobernar a la República, luego de su fracaso por sofocar la rebelión de Bustamante.

  Frustrado, pero consiente de que desde un principio tuvo una fuerte oposición, decidió encaminarse de nuevo hacia el sur del país donde por años combatió a los invasores españoles, e inició una nueva guerra civil a principios de 1830.  El general Anastasio Bustamante como era de esperarse, fue nombrado Presidente de la República, y durante todo el año de 1830 intentó sofocar su guerrilla sin que jamás pudiera derrotarlo.

  Lejos estaba Guerrero de imaginar que Bustamante, en su imposibilidad de aniquilarlo, decidió hacerlo por medio de la traición.  Su ministro de Guerra y Marina José Antonio Facio, convenció por medio de cincuenta mil pesos a su amigo el marino genovés Francisco Picaluga, para que le tendiera una trampa.  Y así, el 15 de enero de 1931 mientras Guerrero se encontraba cerca de la playa Tlacopanocha, en el puerto de Acapulco, decidió aceptar una invitación a comer de su amigo el capitán Picaluga en su bergantín “El Colombo”.  No fue necesario que Guerrero acudiera con una gran escolta tratándose de una comida amistosa de su amigo Picaluga.  Cuando llegó al barco sorpresivamente fue apresado por un grupo de soldados gobiernistas que para el efecto se encontraban a bordo.

  De ahí se lo llevaron en la misma embarcación hasta el puerto de Huatulco en la costa oaxaqueña y lo entregaron en una playa cercana a los capitanes Miguel González y José María Yañez, éste último uno de los jefes militares que lo habían combatido sin nunca haber tenido éxito, y lo condujeron a la ciudad de Oaxaca.  Al mismo capitán Yañez lo nombraron fiscal en la simulación de un supuesto consejo de guerra que se formó para sentenciarlo a la pena de muerte por órdenes directas del presidente Bustamante.

  El general Vicente Guerrero murió fusilado en la población de Cuilapa, Oaxaca, el 14 de febrero de 1831. Antes de morir expresó en sus últimas palabras: “Muero con la esperanza de que pronto México pueda ser un país libre y soberano”.  Actualmente la frase “La Patria es Primero” es el lema del Estado de Guerrero, nombrado así en su honor.         

   

 

 
 
 

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