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FORJADORES DE MÉXICO: HERMENEGILDO GALEANA, HÉROE INDEPENDENTISTA

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  • 18 may 2025
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Rafael Urista de Hoyos / Cronista e Historiador


  Don Hermenegildo Galeana nació en Tecpan, en el actual Estado de Guerrero, el13 de abril de 1762.  Se dice que su abuelo, fue un pirata de nombre Lucius Galen, quien se estableció en la Costa Grande (al sur del puerto de Acapulco) en el Pacífico, a principios del siglo XVIII por los años de 1720, obligado por el naufragio de su barco.  Pasó mucho tiempo antes que rescataran a los naufragos, quienes se habían establecido en ese lugar y algunos de ellos se relacionaron con las mujeres de estas tierras rehusándose a regresar.

  De uno de esos colonos nacieron don Hermenegildo y don José Antonio Galeana.  Éste último tuvo cinco hijos: Pablo, Hermenegildo (nuestro héroe), Antonio, Fernando y Juana.  Su familia estaba formada  por hacendados criollos dueños de grandes extensiones de tierra, por lo que habían logrado el control comercial de Costa Grande.  El intercambio comercial lo realizaban con Tierra Caliente, Michoacán, Guanajuato y con comerciantes del “Galeón de Manila” (La Nao de China) en el puerto de Acapulco.

  Desde muy joven, don Hermenegildo fue perseguido, no se sabe la causa, por los militares españoles Toribio de la Torre y Francisco Palacios. Su primo hermano Juan José Galeana, dueño de la Hacienda del Zanjón, lo ocultó en su casa por varios años.  Se dedicó a las labores agrícolas a las que le tomó mucha afición.  Igualmente ayudo a su primo a administrar la hacienda.  Don Hermenegildo no sabía leer ni escribir.

  Era muy joven cuando contrajo matrimonio con una señorita de la región, pero por desgracia se quedó viudo a los seis meses. Poe el momento no pensó en volverse a casar y siguió ayudando a su primo en la hacienda.  Corría el año 1809 y hasta el pueblo (Tecpan) llegaron noticias de la primera conspiración contra el gobierno virreinal, ocurrida en la ciudad de Valladolid.  La conspiración fue descubierta, pero dejó un aire de descontento entre las familias criollas que a menudo recibían humillaciones de parte de los españoles.

  La familia Galeana a pesar de ser la más rica de la región, era partidaria de ese sentimiento hacia  los peninsulares y cuando tuvieron noticias de la insurrección que dirigía el cura don Miguel Hidalgo y Costilla y el Capitán don Ignacio Allende en el Bajío; además de la rebelión en el sur, comandada por el también cura don José María Morelos y Pavón, decidieron unirse al movimiento de inmediato.

  El Ejército Insurgente del general Morelos, pasó por el poblado de Tecpan cuando se dirigía al puerto de Acapulco.  Llegó el 7 de noviembre de 1810. Venía mal armado sin caballería ni artillería y tanto don José Antonio Galeana y sus primos Antonio, Fernando y Juan José, así como su sobrino Pablo, se pusieron a sus órdenes.  La reunión con Morelos se llevó a cabo en el  poblado de Tepecoacuilco, en casa de otro gran insurgente don Valerio Trujano.  El general Morelos los admitió en su ejército, no sin antes prometerles salvaguardar sus intereses económicos teniendo al frente de la provincia a un miembro de los Galeana.  El caudillo recibió de parte de los Galeana una buena cantidad de armas y un pequeño cañón al que llamaban “El Niño” que habían adquirido en un buque inglés que había naufragado por esos lugares; Esta pieza de artillería fue la primera que obtuvo el ejército insurgente. Por desgracia no todo iba bien dentro del movimiento insurgente, pues ese mismo día 7 de noviembre, el cura don Miguel Hidalgo sufría una derrota en Aculco, por parte del brigadier español Félix María Calleja.

  A los pocos días de haberse integrado los Galeana a las fuerzas insurgentes, don José María Morelos se dio cuenta del valioso contingente que se había unido a su causa, pues combatieron en el Cerro del Veladero contra el ejército comandante español Luia Calatayud, logrando derrotarlos.  Los Galeana hicieron prisioneros a 800 realistas y obtuvieron 700 fusiles y siete cañones, además de una gran cantidad de parque y víveres, con lo que fortalecieron en gran medida al ejército. Con esta victoria el caudillo insurgente pudo capturar y fortificar el cerro del Aguacatillo, Las Cruces, El Marqués, La Cuesta y San Marcos, para establecer el sitio de Acapulco.

  Don Hermenegildo Galeana, nuestro biografiado, quien tenía por entonces 48 año, se unió al ejército insurgente hasta enero de 1811.  Muchos pobladores lo siguieron pues tanto él como su familia gozaban de un gran afecto y admiración por toda la región.  Lo llamaban cariñosamente “Tata Gildo” porque siempre recibieron de él un buen rato.  Además de sus trabajadores, se unieron sus amigos formándose un buen ejército.

  Don Hermenegildo demostró ser un gran líder cuando en La Sabana, en el campo de los Coyotes, por enfermedad del general Morelos, el coronel Hernández, al mando de las fuerzas insurgentes, abandonó vergonzosamente a su tropa al ver que serían atacados por el comandante realista Nicolás de Cosío, Tata Gildo tomó el mando logrando una gran victoria.  Poe ese motivo y por su liderazgo, el general don José María Morelos, quien se encontraba en la hacienda de La Brea, lo nombró su lugarteniente el 3 de mayo de 1811 y lo envió a que avanzara hacia el puerto.  Don Hermenegildo iba encabezando la tropa del “Regimiento de Guadalupe”, con su estandarte blanco y azul y lo seguían las fuerzas de los señores Bravo.

  Por esos días se supo la mala noticia de que el 21 de marzo de 1811 habían capturado al cura don Miguel Hidalgo y Costilla y al ya general don Ignacio Allende y demás compañeros, así como la tropa que los acompañaba.  En un lugar llamado Acatita de Baján de la provincia norteña Nueva Extremadura (el actual Estado de Coahuila) donde el traidor Ignacio Elizondo, que se había aliado a los realistas, los fue capturando poco a poco, pues los patriotas iban marchando muy disgregadamente, al emboscarlos cobardemente muriendo en la acción el hijo de Allende, Indalecio.  Los demás comandantes insurgentes al saberlo sintieron un profundo dolor, pero el general Morelos los alentó a continuar la lucha pues ahora tenían un motivo más contra los españoles.  Por el camino, se combatió a los soldados realistas en el arroyo de Zoyolapa sin decisión en el combate dirigiéndose después a Texca.

  Días después Morelos envió a don Hermenegildo rn busca de recursos a la hacienda de Chichihualco, que pertenecía a una familia criolla que simpatizaba con la causa insurgente.  Esa familia era la de don Leonardo Bravo, sus tres hermanos, Victor, Máximo y Miguel, y su hijo don Nicolás Bravo.  Al ver la disposición de esta familia, cuando le proporcionaron hombres y armas, don Hermenegildo los invitó a que se unieran al movimiento insurgente.  Ellos aceptaron de inmediato.  En ese lugar tomaron un descanso y cuando toda la tropa aprovechaba para bañarse en el río, se presentaron de repente los soldados realistas al mando del comandante Garrote.  Se desató una fuerte batalla pero se logró dispersarlos haciéndose de 100 fusiles y algunos prisioneros.  Algunos de ellos se unieron a nuestra causa y el resto fue enviado a la prisión de Tecpan.  Don José María Morelos ya tenía el camino libre y entró, sin ninguna resistencia, a la ciudad de Chilpancingo, el 24 de mayo de 1811.  Desde ahí organizó el traslado inmediato a Tixtla a marchas forzadas, para sorprender al enemigo.

  Don Hermenegildo y los que formaban su ejército, llegaron primera a Tixtla, que estaba al mando del jefe militar Joaquín Guevara, hacendado de la región, que con ayuda del clérigo Manuel Mayol que apoyaba totalmente al gobierno virreinal, organizó a la población para combatirlos.  Se inició una dura batalla que ya estaban perdiendo, pero en ese momento a don Gildo se le ocurrió repicar las campanas de la iglesia para hacer creer al enemigo que el general Morelos llegaba a ayudarlos y el enemigo cayó en la trampa por lo que abandonaron el pueblo dejando 200 fusiles y 8 cañones.  También se tomaron 600 prisioneros.  Todos aclamaban a don Hermenegildo Galeana.

  Además de los señores Bravo, se unieron al ejército insurgente don Vicente Guerrero, un arriero originario de este mismo lugar Tixtla, y un estudiante de derecho nacido en Tamazula, Durango, llamado don Miguel Fernández Félix, quien después se supo que se puso el nombre de “Guadalupe Victoria”.  Luego de varios enfrentamientos con los soldados españoles, el ejército insurgente logró llegar a Taxco de cuya población se apoderó don Hermenegildo, después de vencer una fuerte resistencia española y de pacificar la comarca.  En esta ciudad se esperó al general Morelos que tenía planeado subir a los valles de la mesa central.

  Llegaron noticias que los soldados insurgentes del centro del país, bajo las órdenes de don Ignacio López Rayón, se habían trasladados de la ciudad de Saltillo hasta la de Zitácuaro en Michoacán, en una travesía heroica por territorios dominados por los realistas.  En Zitácuaro se estableció la “Suprema Junta Nacional Americana” primer órgano de gobierno independiente.  Sus integrantes se dieron a la tarea de buscar un sistema de gobierno idóneo sin que dependiera del virrey de la Nueva España, paro aceptando al rey Fernando VII como soberano legítimo.  Los jefes insurgentes del sur aceptaron la autoridad de la Suprema Junta y recibieron a uno de sus representantes en Taxco, con quien tuvieron algunos desacuerdos, siendo el principal de ellos, ya que por iniciativa del general Morelos, debiera suprimirse al rey Fernando VII y a cualquier personaje de la realeza extranjera como gobernante de la nueva nación.

  Los insurgentes que combatían en la ciudad de Toluca, le solicitaron al caudillo ayuda y él envió a don Hermenegildo para que se adelantara.  Apenas si llegaron a auxiliarlos a Tecualoya logrando vencer al enemigo que estaba bajo las órdenes de los realistas Porlier, Michelena y Toro, en enero de 1812.  De este lugar el ejército de Morelos se dirigió a Cuernavaca y después a Cuautla.  En esta ultima ciudad, el general Morelos decidió esperar al comandante español Félix María Calleja, por lo que fortificó la plaza y reunió suficientes víveres.

  El 18 de febrero de 1812, cuando el general Calleja se acercó, don Hermenegildo recibió la orden de resistir en el punto de Santo Domingo que era el más peligroso e importante de todos.  Al día siguiente los realistas atacaron, pero don Hermenegildo y sus soldaos lograron rechazarlos a machetazos matando don Hermenegildo al capitán español Sagarra.  Nuevamente la columna realista volvió a la carga pero de nuevo fueron rechazados y por primera vez el comandante Calleja, hasta ese momento invencible, tuvo que replegarse decidiendo poner sitio a Cuautla.

  Durante este sitio, don Hermenegildo Galeana hizo varias salidas, siendo la más importante la recuperación del conducto de agua de Juchitengo que suministra a la ciudad de Cuautla, pero el comandante Llano la volvió a cortar.  Don Hermenegildo decidió hacer un último esfuerzo para salir y abrir un hueco sobre la línea del sitio y levantar sobre la presa un fortín con un torreón cuadrado y cerrado.  La construcción de este fortín que se levantó a pesar de estar bajo el fuego de los soldados realistas, nos hizo dueños del agua durante todo el tiempo que duró el sitio.

  El día 2 de mayo de 1812 a las dos de la mañana comenzó la evacuación de Cuautla por las fuerzas insurgentes, en medio del mayor silencio, conforme a las órdenes recibidas por Morelos; los realistas tardaron algún tiempo en descubrir lo que ocurría atacando tardíamente a los fugitivos.  A pesar de ello, la mayoría de los defensores de Cuautla pudo escapar, pereciendo sólo la gente indefensa que los seguía.  Morelos se detuvo en Chiautla, donde logró reunir unos 800 hombres de los fugitivos de Cuautla.

  Las fuerzas de Morelos se dirigieron a Huajuapan donde el comandante don Valerio Trujano se encontraba estrechamente sitiado por  las fuerzas realistas desde hacía 90 días.  Fue una dura batalla para romper el sitio pero se logró vencer obteniendo además un buen botín de armas y municiones.  El siguiente lugar a seguir era Puebla, pero antes se tuvo que ganar la ciudad de Tehuacán.  Aquí el 12 de septiembre de 1812, el general don José María Morelos nombró merecidamente a don Hermenegildo Mariscal, como un reconocimiento a su valor y entrega a la causa insurgente.  Don Hermenegildo Galeana no sabía leer ni escribir y era un impedimento para seguir instrucciones, por esa razón el comandante Morelos eligió a un clérigo muy joven originario de Izúcar llamado don Mariano Matamoros, como su mano derecha.  Así pues, don Hermenegildo pasó a ser la mano izquierda del caudillo.

  Don Hermenegildo también participó en la toma de la ciudad de Oaxaca, que se logró el 25 de noviembre de 1812.  El siguiente destino era el puerto de Acapulco.  Desde que inició el movimiento insurgente, el cura don Miguel Hidalgo le había ordenado a Morelos se apoderara de ese lugar estratégico, por donde las autoridades virreinales realizaban muchas de sus actividades comerciales.

  La tropa de don Hermenegildo acampó en el cerro de La Iguana.  Mando a su sobrino don Pablo Galeana a que se apoderara de la isla llamada La Roqueta, mientras el rodeaba el fuerte de San Diego.  Esta misión era muy peligrosa pues se tenía que hacer entre dos fuegos y en un terreno muy escabroso y lleno de acantilados.  Atacamos por mar la goleta “Guadalupe” que llegaba de Guayaquil la noche del 8 de junio.  Por fin, el comandante español que defendía el fuerte, se rindió el 20 de agosto de 1813.

  En un lugar llamado Azayac, derrotaron al capitán español Barrios y le quitamos todo su armamento para luego salir hacía Coyuca.  Al pasar el río don Hermenegildo replegó a los enemigos y nos lanzamos en su persecución, pero cuando vimos que que nos superaban en número y ya sin municiones, huimos.  Don Hermenegildo se escondió tras unos árboles y comenzó a defenderse, pero cuando apretaba el paso montando en su caballo, fue golpeado por una fuerte rama que lo hizo caer por tierra. Comenzó a arrojar sangre por boca y nariz y los que estábamos cerca de él no pudimos hacer nada porque de inmediato lo rodearon catorce dragones enemigos.

  Apenas don Hermenegildo se estaba reponiendo cuando al intentar defenderse, el soldado realista Joaquín León desde su caballo le tiró un balazo de carabina que le atravesó el pecho.  El maldito realista, no conforme con el balazo que lo había atravesado, fue hasta donde él se encontraba, sacó su espada y le cortó la cabeza que puso en la punta de una lanza.  Esto sucedió en el puente llamado El Salitral, al lado poniente de Coyuca, el 27 de junio de 1814, una fecha que nunca se olvidará.

  El comandante español Avilés ordenó que pusieran la cabeza en la puerta de la iglesia con un cartel que decía: “Esta es la cabeza de un hombre honrado y valiente”.  Luego la mandó enterrar en ese lugar.  Más tarde se supo que dos patriotas lograron enterrar el cuerpo de don Hermenegildo Galeana en el monte, pero como los fusilaron al poco tiempo, nunca se encontró su tumba.

  Todos recordamos a don Hermenegildo Galeana, quien al morir contaba con 52 años.  Siempre peleó con gran entrega.  Nunca atacó personalmente al enemigo por la espalda ni mató a nadie fuera del campo de batalla.  Fue un hombre leal a la causa independiente y de una disciplina y valor extraordinario.  Veneró con gran fervor al Generalísimo Morelos quien al conocer la noticia exclamó lleno de una gran tristeza y recordando la muerte anterior de don Mariano Matamoros: ¡Se acabaron mis brazos!  ¡Ya no soy nada!

  Don Hermenegildo Galeana es un grande y auténtico forjador de nuestra patria.

Paz a su espíritu.           

 
 
 

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