FORJADORES DE MÉXICO: LICENCIADO JOSÉ VASCONCELOS CALDERÓN
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- 5 ene 2025
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Rafael Urista de Hoyos / Cronista e Historiador
Nace en la ciudad de Oaxaca José María Albino Vasconcelos Calderón. Fue el segundo de los nueve hijos que procrearon Ignacio Vasconcelos Varela y Carmen Calderón Conde. Particularmente importante para su desarrollo personal fue la oportunidad de realizar estudios de educación primaria en las escuelas ubicadas en la frontera entre los Estados Unidos y México, especialmente en la frontera entre Eagle Pass, Texas, y Piedras Negras, Coahuila, durante las cuales adquirió casi en su totalidad el idioma inglés.
Cuando su familia tuvo que trasladarse a Campeche siguió su educación en el Instituto Campechano. Cuando su familia se a vivir a Toluca se inscribió en el Instituto Científico de Toluca. Luego de la prematura muerte de su madre, ingresó en la Escuela Nacional de Jurisprudencia ya en la ciudad de México, donde obtuvo el título de Licenciado en Derecho en 1907.
A los dos años de haberse recibido participa con otros jóvenes mexicanos en la fundación del Ateneo de la Juventud Mexicana, más adelante conocido como el Ateneo de México. Lo novedoso del Ateneo radica, sin embargo, no en su disposición a criticar los excesos del porfiriato, sino en la calidad de las críticas adelantadas por la generación de jóvenes intelectuales que le dieron vida. Lo más importante de ellas tiene que ver con el llamado para que se dotara a la educación de una visión más amplia, que rechazara el determinismo biológico del racismo.
Aunado a ello, Vasconcelos y la generación del Ateneo proponían la libertad de cátedra, la libertad de pensamiento y, sobre todo, la reafirmación de los valores culturales, éticos y estéticos en los que América Latina emergió como realidad social y política. Aquí es importante destacar que una de las características del porfiriato, para algunos el lado oscuro de éste, es justamente un cierto desdén por lo nacional mexicano, su fascinación por lo europeo, lo francés, lo alemán o, si nada esto era posible, con lo estadounidense, como alternativa viable para alcanzar el progreso.
José Vasconcelos y la generación del Ateneo sientan las bases para una ambiciosa recuperación de lo nacional mexicano y de lo latinoamericano como una identidad que, además de real, fuera viable en el futuro, y sobre todo que no dependiera de lo extranjero para un progreso sostenido, como de hecho ocurrió con el modelo económico del porfiriato y otros experimentos latinoamericanos similares.
En 1909, invitado por el propio Madero, se unió a su campaña presidencial. Gracias a su dominio del inglés, representó al entonces Club Antirreeleccionista ante el gobierno de los Estados Unidos. Un año después, el club se convirtió en el Partido Nacional Antirreeleccionista, con Francisco I. Madero como candidato presidencial y el licenciado José María Pino Suárez como candidato a la vicepresidencia. Madero y Pino Suárez se enfrentaron a la dupla oficialista de Porfirio Díaz y Ramón Corral en la muy debatida elección presidencial de 1910. Cuando ésta terminó en un escandaloso fraude, Madero convocó a un levantamiento político militar con el llamado Plan de San Luis, que inició la Revolución Maderista de 1910. Conocido el resultado de esta elección, las simpatías al Plan de San Luis y a don Francisco I. Madero se multiplicaron.
Esto dejó claro al anciano caudillo que no estaba en condiciones de mantenerse al frente del gobierno, a menos que deseara llevar a México por la ruta de la guerra civil o que las ambiciones angloamericanas, ya demostradas, pusieran en peligro nuevos territorios nacionales. Díaz renunció no queriendo iniciar una nueva guerra entre hermanos, y el gobierno provisional instalado al efecto convocó a nuevas elecciones presidenciales en las que Madero resultó electo en 1911.
Tras producirse el traicionero cuartelazo de Victoriano Huerta y Félix Díaz, Vasconcelos tuvo que exiliarse en Estados Unidos, en donde recibió el encargo del gobernador de Coahuila y Primer Jefe del Ejército Constitucionalista Venustiano Carranza, de buscar, como agente confidencial, el reconocimiento de Inglaterra, Francia y otras potencias europeas, así como de los Estados Unidos, impidiendo que Huerta fuera reconocido y obtuviera apoyo económico.
Cuando la dictadura huertista fue derrocada por el empuje incontenible del general Francisco Villa, y Venustiano Carranza, apropiándose del legítimo triunfo de Villa, se autodesignó Encargado del Poder Ejecutivo y no Presidente Provisional como lo establecía su propio Plan de Guadalupe, nombró a Vasconcelos director de la Escuela Nacional Preparatoria. Más adelante, y por discrepancias políticas con Carranza, lo llevaron una vez más al exilio regresando un tiempo después para tomar la cartera de Instrucción Pública durante la breve gestión del general Eulalio Gutiérrez como Presidente de la República, designado por la Soberana Convención Revolucionaria de Aguascalientes. Durante este período, Vasconcelos no pudo desarrollar sus ideas en materia de educación pública, pues las pugnas internas de los revolucionarios de la Convención y derrota de Francisco Villa en las batallas del Bajío, hicieron imposible cualquier ejercicio en funciones de gobierno.
Al proclamarse el Plan de Agua Prieta, en 1920, Vasconcelos se alineo con Álvaro Obregón contra Venustiano Carranza quien fue perseguido y asesinado en la población de Tlaxcalantongo el 21 de mayo del mismo año. Tras la muerte de Carranza, el Presidente Provisional don Adolfo de la Huerta le encargó el Departamento Universitario y de Bellas Artes, cargo que incluía la rectoría de la Universidad Nacional de México; puesto que ejerció del 9 de junio de 1920 al 12 de octubre de 1921.
Su espíritu iberoamericano, expresado en su obra literaria, queda también reflejado en la propuesta al Consejo Universitario, en abril de 1921, del escudo que la UNAM ostenta hasta la fecha y en la que plasma su convicción de que los mexicanos deben difundir su propia patria con la gran patria hispanoamericana como una nueva expresión de los destinos humanos. La leyenda que propone para dicho escudo constituye hasta ahora el lema de la Universidad Nacional: “Por mi Raza Hablará el Espíritu”
Tras reorganizar la estructura de la Universidad Nacional, Vasconcelos fue nombrado secretario de Instrucción Pública, y desde esa posición inicio un ambiciosa proyecto de difusión cultural en el país, con programas de instrucción popular, edición de libros y promoción del arte y la cultura. El objetivo era integrar a México de manera más amplia en las grandes transformaciones que siguieron al fin de la Primera Guerra Mundial. José Vasconcelos, un personaje carismático y capaz de entusiasmar a sus colaboradores, hizo de los maestros rurales un ejército de paz y de cada profesor, según su propia metáfora de raíz católica, inspirada en el sacrificio de los misioneros del período colonial, un “apóstol de la educación”. Al trabajo de los maestros rurales sumó el apoyo, nunca antes visto en México, de la edición masiva de las más grandes obras del pensamiento europeo y occidental, que fueron distribuidas por todos los rincones del país en lo que Vasconcelos no dudó en calificar como “Misiones Culturales”.
Vasconcelos, sin embargo, encontró difícil conciliar su condición como pensador independiente con las exigencias de los cargos de gobierno que ejerció. Además su relación con el Presidente Álvaro Obregón y su incondicional Plutarco Elías Calles estuvo siempre medido por la desconfianza que le inspiraban estos personajes revestidos de ambiciones y poder político.
Es por eso por lo que, luego de su brillante inició como funcionario público, Vasconcelos decidió retirarse del ejercicio de los cargos públicos, para dedicarse a satisfacer su pasión por la escritura, al análisis filosófico y la polémica. A pesar de ello, tuvo una actuación destacadísima en las luchas por obtener la autonomía de la Universidad Nacional, al lado de Antonio Caso, Manuel Gómez Morín y otros personajes destacados de la década de los veintes. No sólo eso, consiente de los excesos de los que Plutarco Elías Torres, ya como presidente, era capaz (el asesinato de Obregón, uno de ellos) en temas tan delicados como el de las relaciones Estado-Iglesia, y que prefiguraban el desarrollo del Maximato y uno de sus precursores de la llamada Guerra Cristera, en 1929 decidió postularse como candidato a la Presidencia de la República.
Eso lo llevaría a enfrentarse al candidato de Calles, Pascual Ortiz Rubio en una desigual campaña que recordó a muchos la que Madero desarrolló en 1910 contra Porfirio Díaz, no sólo por el apoyo del aparato y poder del Estado a Ortiz Rubio, sino también por la violencia que muchos vasconcelistas debieron padecer en carne propia.
Apoyado por algunos de las más lúcidos intelectuales y artistas de la época, como Antonieta Rivas Mercado, Gabriela Mistral, Manuel Gómez Morín, Alberto Vázquez del Mercado y Miguel Palacios Macedo, Vasconcelos inició una ambiciosa campaña electoral que despertó las ilusiones de muchos. En campaña acaece el asesinato de líderes vasconcelistas emprendido por diputados y asesinos de paga disfrazados de policías; el propio Vasconcelos sobrevivió a varios atentados en su contra. El mismo día de las elecciones se abre fuego contra los votantes en diversas poblaciones del país organizando dichas masacres el funesto asesino Gonzalo. N. Santos, entre otros.
Los resultados oficiales de la elección arrojan un 93% de la elección para Ortiz Rubio y el resto para Vasconcelos, típica elección fraudulenta del Estado que nos lleva a compararla con nuestra actual elección de 2024. Los resultados de 1929, sin valor alguno para la mayoría de los historiadores del período (igual que en2024), dejaban ver, sin embargo, el claro mensaje que Calles y su grupo enviaban a Vasconcelos: no se respetarían elecciones democráticas, sino sucesión presidencial previamente acordada por el jefe del Estado (otra vez igual que en 2024), lo que se convirtió en modelo político mexicano tocante al tema de la sucesión presidencial a lo largo del siglo XX. Frente a los resultados Vasconcelos volvió una vez más añ exilio en los Estados Unidos.
En 1940, la guerra europea y la política de conciliación seguida por el presidente Manuel Ávila Camacho le permitieron regresar a México, donde fue nombrado director de la Biblioteca Nacional, cargo que combinó con una activa carrera como profesor universitario y polemista. El destino, sin embargo, le tenía destinada una última satisfacción: en diciembre de 1958 vería a uno de sus discípulos y organizador de su campaña presidencial de 1929, el mexiquense Adolfo López Mateos, convertirse en Presidente de México.
Murió en el barrio de Tacubaya, en la ciudad de México, el 30 de junio de 1959. Fue encontrado su cuerpo reclinado sobre el escritorio, en el cual trabajaba en una de sus últimas obras literarias: “letanías del atardecer” publicada inconclusa póstumamente. En su legado de obras se encuentra su serie autobiográfica “Ulises Criollo (1935), “La Tormenta” (1936), “el Desastre” (1938), “El Proconsulado” (1939); y en su literatura ensayística se encuentran: “La Flama”, “Los de Arriba en la Revolución”, “Historia y Tragedia” (1959), y “La Raza Cósmica” (1925)






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