top of page

FORJADORES DE MÉXICO: LÁZARO CÁRDENAS DEL RÍO

  • Foto del escritor: .
    .
  • 1 sept 2024
  • 7 Min. de lectura


Rafael Urista de Hoyos / Cronista e Historiador


   Presidente de México de 1936 a 1940. Terminó sus estudios primarios en su pueblo saliendo de ellos a los 14 años.  Huerfano de padre trabajó  en una imprenta.  Se unió a la Revolución en Apatzingán, Michoacán, en 1913. En 1918 fue enviado con el general Plutarco Elías Calles ---su mentor durante toda la Revolución--- a someter a los indios yaquis para posteriormente participar en las campañas de Nayarit y Michoacán contra el rebelde José Inés Chávez García ---el llamado villista michoacano--- al que nunca pudieron someterlo.

  Secundó el cuartelazo de Álvaro Obregón contra el Presidente don Venustiano Carranza en el Plan de Agua Prieta, levantándose en armas en Veracruz.  Fue designado por Obregón  gobernador de Michoacán en 1920 como premio por su indirecta intervención en el asesinato de Carranza en Tlaxcalantongo, Puebla.  El día del asesinato, Cárdenas se encontraba en Papantla, Veracruz, celebrando su cumpleaños precisamente ese día (21 de mayo), cuando recibe instrucciones de Obregón, que aunque aún no era presidente era el mandamás, en el sentido que se comunicara con el traidor Rodolfo Herrera y lo enviara a atacar la comitiva de Carranza y después reportara en el parte de guerra que Carranza había muerto en el tiroteo.

  Al estallar la rebelión delahuertista Cárdenas fue derrotado y hecho prisionero por el general Rafael Buelna en la batalla de Teocuitatlán de Corona, Jalisco, quien lo toma prisionero y herido en el estómago lo deja en libertad y lo manda a Guadalajara para ser hospitalizado.  Años más tarde ya siendo Presidente, Cárdenas, recordando al noble general que le salvara la vida, ordena exhumar los restos del general Rafael Buelna sepultado en Morelia donde murió, y los manda inhumar en el lugar de su nacimiento, Mocorito, Sinaloa,  rindiéndole todos los honores militares de su cargo, pagando así en parte al general Buelna su noble gesto al salvarle la vida.

  En 1931 ocupó la Secretaria de Gobernación en el gabinete del presidente de paja Pascual Ortiz Rubio y luego la Secretaria de Guerra y Marina.  El 15 de enero de 1933 fue postulado oficialmente en la convención del Partido Nacional Revolucionario (antecesor del PRI) a la presidencia de la República en Querétaro.  Tomó posesión el 1º de diciembre de 1934.

  Después d unos meses de graves conflictos con el “Jefe Máximo” Plutarco Elías Calles, en junio de 1936 lo obligó a abandonar el país junto con sus adláteres:  Luis N. Morones, Melchor Ortega y Luis L. León, logrando solucionar la crisis sin recurrir a la violencia.  Tuvo que hacer frente a problemas difíciles ocasionados por su empecinamiento al querer establecer la educación socialista al estilo bolchevique ruso.

  El 18 de marzo de 1938, después de un largo y angustiosos enfrentamientos con las compañías petroleras extranjeras, Cárdenas logra expropiar la industria petrolera, aún enfrentando a las posibles intervenciones de Estados Unidos e Inglaterra.  Ese mismo año enfrento la frustrada rebelión del general Saturnino Cedillo.  Dejó la Presidencia el 1º de diciembre de 1940 en manos del general Manuel Ávila Camacho.  En 1945 se retiró de la vida política.  Murió en la ciudad de México el 19 de octubre de 1970.

  Cuando protestó como Presidente de la República, la clase política supuso que sería 0tra marioneta de Calles.  Llegó a la antesala del poder como protegido.  Era Cárdenas disciplinado, metódico y reflexivo; trabajaba con presteza y en las situaciones graves siempre se comportó de manera “institucional” (desde ese momento esa palabra se constituyó como favorita en los discursos demagógicos de la politiquería nacional).  Aprendió los secretos de la  lid política gobernando a Michoacán, recorriendo los campos petroleros como jefe militar, acercándose a la gente.  Esas cualidades le merecieron la bendición de Calles para alcanzar el poder, y cuando parecía que el jefe máximo continuaría ejerciendo el poder tras la silla presidencial, el subordinado dejó de serlo para convertirse en un real estadista.

  Comenzó su sexenio sin él poder en sus manos (a partir de Lázaro Cárdenas los períodos presidenciales se alargaron de 4 a 6 años), pero con su aguda observación de la realdad nacional, en poco tiempo el alumno superó al maestro.  Cárdenas alentó la formación de sindicatos y las movilizaciones masivas de obreros y sus esquiroles sin imaginar el mal que le hacía al país con esas medidas, ni se imaginó que con el tiempo la sociedad iba a ser rehén de esos grupos delincuenciales: los sindicatos.  Su prioridad era una: consolidar su poder apoyándose en las clases populares para enfrentar al Jefe Máximo.  Demoró un par de años y finalmente, en 1936, se deshizo de Calles enviándolo al exilio.

  El reparto agrario no tuvo límites.  Los grandes latifundios y las viejas haciendas que sobrevivieron a la Revolución fueron otorgados en forma de ejidos (otra lacra heredada del cardenismo), a decenas de miles de campesinos.  Y aunque luego el ejido demostró ser un fracaso y un terrible instrumento de control social, nadie cuestionó la buena fe y el espíritu justiciero del Presidente. Fue su Partido de la Revolución Mexicana (PRM) , antecesor del mafioso PRI, el que se encargó de convertir esas buenas obras en instrumentos de corrupción e impunidad, que en los momentos actuales han alcanzado las más altas cumbres de la criminalidad personificadas ahora en un nuevo partido hegemónico y delincuencial: Movimiento de Regeneración Nacional - Morena.

  El Presidente Lázaro Cárdenas dotó al sistema político mexicano de una serie de pilares ideológicos que luego se convirtieron en paradigmas del México moderno (paradigma: ejemplo que sirve de norma).  El más importante fue el del nacionalismo revolucionario vinculado en todos sentidos a la defensa de la soberanía nacional frente a la amenaza constante del exterior, particularmente de los Estados Unidos.  Este nacionalismo revolucionario se materializó en uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX:  La Expropiación Petrolera.

  El mayor conflicto internacional del régimen cardenista fue el del petróleo.  La época en que México había sido el segundo productor mundial con 191 millones de barriles (1921) estaba muy lejana, pero se había superado la crisis de 1932, en la que sólo se extrajeron 32 millones.  La producción de 1937 ascendía a 47 millones de barriles y se esperaba otro aumento.

  Las empresas extranjeras continuaban inquietas por los giros populistas del gobierno mexicano.  Consecuentemente observaron la política de no emprender exploraciones para localizar nuevos yacimientos y limitarse a explotar los ya localizados, a efecto de dejar solamente agujeros secos en caso de que tuvieran que dejar el país.  El interés de las empresas se había desplazado a Venezuela, donde una complaciente dictadura les daba extraordinarias facilidades para desarrollarse.

  En 1936, en plena agitación anticallista, el sindicato de trabajadores petroleros emplazó una huelga en demanda de incrementos salariales.  A finales del año siguiente (1937) el secretario de Hacienda  Eduardo Suárez presentó al presidente los resultados de una investigación reveladora de que las empresas petroleras cometían decenas de irregularidades y evasiones fiscales.  Se quejaban de que su situación financiera era ruinosa, pero la investigación reveló  que, por el contrario, obtenían utilidades escandalosamente elevadas.

  Suárez fue tratado con frialdad por los magnates petroleros y aún así Cárdenas guardó compostura.  Resentía una aguda escasez de fondos, y a finales del mismo 1937 solicitó a las empresas que le adelantaran algo a cuenta de los impuestos que debían pagar en 1938.  Las empresas petroleras rechazaron desdeñosamente la petición.  En 1938 los trabajadores iniciaron otro conflicto sindical, y esta vez la Junta de Conciliación y Arbitraje les dio la razón, calificando de justas las demandas, pero reduciendo el monto a la mitad.  Los empresarios rechazaron el fallo y apelaron a la Suprema Corte de Justicia.

  El 1º de marzo la Suprema Corte falló en contra de las empresas y les ordenó conceder los modestos aumentos salariales sugeridos por la Junta de Conciliación y Arbitraje.  Los empresarios se negaron rotundamente a obedecer.  En las dos semanas siguientes Cárdenas sorteó una tormenta emocional.  Los empresarios habían desafiado al máximo tribunal del país.  Dejarlos que se salieran con la suya sería tanto como aceptar para México la condición de colonia. Esta situación hizo que el Presidente concibiera seriamente la idea de la expropiación.

  Por fin el 17 de marzo, Cárdenas convocó a sus principales secretarios a una junta en la que reveló su propósito de llevar a cabo la expropiación.  Casi todos se estremecieron al conocer la noticia y, uno a uno, señalaron los peligros que acecharían a México en caso de tomar una medida tan drástica, pero Cárdenas estaba decidido; al día siguiente, 18 de marzo, anunciaría la expropiación.  Los representantes de las empresas tenían espías en el seno del gabinete, y oportunamente fueron alertados.  Al día siguiente, antes de la hora señalada por el anuncio presidencial, los petroleros se agolparon a las puertas del despacho presidencial para comunicar su decisión de someterse a la autoridad de la Suprema Corte, pero Cárdenas les dijo que era demasiado tarde y procedió a leer el mensaje por los medios radiofónicos que establecía la expropiación  los bienes de las empresas petroleras.

  En realidad, el presidente se había apoyado en razonamientos jurídicos impecables, al grado de que el proceso sigue estudiándose en muchas facultades de Derecho de las principales universidades de todo el mundo como un modelo de expropiación justificada.

  En un mundo que parecía derrumbarse en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, México decidió abrir las puertas a los refugiados y perseguidos políticos de distintas partes del orbe ---como León Trotsky---.  Con la derrota definitiva de la República española en 1939, veinte mil exiliados encontraron refugio seguro en México ---la cantidad fue aumentando hasta llegar a casi cien mil---.  Pero la gran obra de Cárdenas, que paradójicamente resultó ser la más dañina para el país, fue crear la estructura funcional del sistema político mexicano, que permitiría al partido oficial a base de fraudes y corruptelas mantener el poder el resto del siglo XX.

  Más allá de la solidaridad presidencial con las clases populares y el apoyo a la organización de obreros y campesinos impulsado durante los primeros años de su gobierno,  Cárdenas tenía un claro objetivo:  el control del presidencialismo sobre toda la sociedad.  Para ello fue necesario restructurar el partido oficial.  La transformación fue profunda y significó el afianzamiento de la “familia revolucionaria” en el poder (un politicastro actual la llamaría “la mafia del poder”, a pesar de que el fue parte de esa mafia).  Se organizó el partido en cuatro sectores: obrero, campesino, popular y militar.

  Comenzó así la era del corporativismo mexicano, bajo el cual los trabajadores y quienes pertenecían a los sindicatos, organizaciones campesinas y el ejército se hallaban afiliados ---obligatoriamente--- al partido oficial.  Por si fuera poco, para borrar todo recuerdo del callismo, en marzo de 1938 el partido oficial cambió de nombre y fue rebautizado como Partido de la Revolución Mexicana (PRM).  En el sexenio siguiente, el del presidente Manuel Ávila Camacho, sufre un nuevo cambio en el nombre llamándose ahora Partido Revolucionario Institucional; el odiado y maldecido PRI.

  Lázaro Cárdenas dejó la Presidencia en 1940 y se convirtió en la figura moral de la Revolución mexicana hasta el día de su muerte, acaecida en la ciudad de México el 19 de octubre de 1970.

  

 

 

      

 
 
 

Comentarios


242796515_513847439926491_706636508859440771_n.png

C.P. Paúl A. Garza Dovalina
contacto@solucionesnove.com
cel: +52 (878) 109 0775
tel: +52 (878) 795 4799

242796515_513847439926491_706636508859440771_n.png
bottom of page