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FORJADORES DE MÉXICO: MARIANO MATAMOROS

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  • 9 mar 2025
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Rafael Urista de Hoyos / Cronista e Historiador


Nació en la ciudad de México el 14 de agosto de 1770.  Sus padres fueron don José Mariano Matamoros Galindo y doña María Ana Guridi González.  Fue bautizado al día siguiente de nacido en la parroquia de Santa Catarina Virgen y Mártir por el cura Francisco Javier Bedoya, quien fue el que le impuso el nombre de Mariano Antonio.  Sus padres, además de él, tuvieron once hijos más.

  Su primera infancia la paso en Ixtacuixtla, Tlaxcala, a donde habían mandado a trabajar a su padre.  Después de varios años regresaron a la ciudad de México en donde inició sus primeros estudios en 1779 en la Escuela Franciscana de Primeras Letras, en el antiguo Colegio de Santa Cruz de Tlaltelolco.  Después, en 1784 inició sus estudios en el Real Seminario de Tepotzotlán, donde cursó las cátedras de Latín, Moral, Lengua Mexicana e Historia Eclesiástica.  Ya en la ciudad de México obtuvo el grado de bachiller en Artes, el 26 de agosto de 1786, en la Real y Pontificia Universidad de México.  Tres años después, el grado de bachiller en Teología el 26 de octubre de 1789.

  Mariano tenía un gran interés en continuar estudiando y decidió ingresar en el Seminario Conciliar de México, en el año 1790, donde cursó los estudios de Filosofía y Teología.  El doctor don Alonso Nuñez de Haro y Peralta, Arzobispo de México, le confirió el Subdiaconato, el 21 de septiembre de 1792, en el templo del Convento de Regina Coeli.  Tres años más tarde, el mismo arzobispo y en la misma iglesia le confiere el Diaconato, el 19 de septiembre de 1795.  Su primera misa la ofició en la parroquia de Santa Ana del barrio de Peralvillo en la ciudad de México.

  Después tuvo varios nombramientos, entre otros: el de Teniente de cura de la parroquia de San Bartolomé Apóstol en Tepatitlán, Jalisco, el 16 de marzo de 1797.  El de Teniente de cura de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción en Real de Minas de Pachuca.  Vicario fijo del templo de la Purísima Concepción de Bucareli, en la antigua misión de la Sierra Gorda de Querétaro de 1803 a 1807.  Estuvo de cura interino de la parroquia de San Pedro Jantetelco en Jonacatepec, en los años 1807 a 1811.  Durante este tiempo comenzó a intercambiar inquietudes con sus feligreses por las ideas liberales de los criollos.

  Como a las autoridades eclesiásticas les preocupaba el auge que estaba tomando la insurrección contra la autoridad virreinal, el Canónico Magistral y Presidente del Cabildo Metropolitano, le pidió a Mariano, como a todos lo canónigos del país, que exhortara a sus feligreses para que no se dejaran sorprender por los rebeldes.  Sin embargo, Mariano ya tenía bien definida su posición y sus ideales.  Para no dejar sola a su comunidad, en diciembre del mismo año de 1811 solicitó al Gobierno Eclesiástico un permiso para abandonar la parroquia de Jantetelco y así poder unirse al movimiento insurgente, pero no faltó quien lo denunciara ante las autoridades virreinales y tuvo que huir del pueblo.

  El caudillo insurgente don José María Morelos y Pavón había entrado al poblado de Izúcar, el 10 de diciembre de 1811, pues este lugar era un punto estratégico para la lucha de la Independencia.  Don Mariano Matamoros llegó por vez primera a este lugar seis días después y de inmediato se puso bajo las órdenes del general Morelos.  Desde el primer momento, el caudillo insurgente se sorprendió del carisma que tenía don Mariano con la gente y de la facilidad que tenía en ganar adeptos para la causa, pues el mismo día que se unió al general Morelos, celebraron una misa en el templo de Santo Domingo de Guzmán y desde el púlpito, los dos curas persuadieron a la gente para que lucharan por la independencia de México.

  Al día siguiente de su llegada a Izúcar, hizo su aparición el coronel realista don Miguel Soto Macedo.  Un espía insurgente comunicó a los jefes que el coronel envió a su teniente Pedro Micheo para que con algunos soldados ocupara el cerro de El Calvario.  De esta forma atacarían por la derecha y por el centro.  Los dos entraron con facilidad por las calles del pueblo, pero cuando estuvieron en la plaza principal, en las entradas estaba parapetada la gente con piedras, palos, fusilería y artillería.  Se inició una impresionante lucha.  Los españoles estaban desconcertados y más cuando también desde las azoteas salió una multitud atacando con flechas, piedras, ondas y fusiles.

  Estuvieron luchando poco más de cinco horas y los insurgentes hicieron retroceder a las tropas realistas.  El coronel Soto Macedo recibió una bala en la cabeza y otra en el vientre y como sus heridas eran mortales, tuvo que dejarle el mando al capitán don Mariano Ortiz, quien de inmediato ordenó la retirada de sus tropas.  Con grandes dificultades los realistas llegaron al poblado de La Galarza, donde los sorprendió la noche.  Entonces los insurgentes aprovecharon para atacarlos por la retaguardia tomándolos por sorpresa.  Los soldados españoles huyeron en desbandada hacia el pueblo de Atlixco.  Por el miedo y la desesperación olvidaron un obús, armas de fuego y un cañón.  Fue un muy buen botín.  Fue así como transcurrió la primera batalla en la que participó don Mariano Matamoros y la primera muestra de valor y entrega a la causa de don José María Morelos y Pavón.

  El 17 de enero de 1812, el caudillo Morelos inició una lucha en Tecualoya y cinco días después en Tenancingo donde triunfó en los dos lugares.  El general Morelos decidió regresar a Cuautla y antes de llegar a ese lugar se unieron don Mariano Matamoros, don José Perdíz y don Mariano Ramírez quienes lograron formar dos regimientos de caballería, dos batallones de infantería y un cuerpo de artillería  En total, las fuerzas que reunieron en la región de Jantetelco y lugares aledaños fueron dos mil hombres.  Por el valor y entrega que en tan poco tiempo había demostrado Matamoros, el caudillo Morelos lo nombró, como era merecido, coronel de infantería.  Además les hizo saber a todos que ya lo consideraba su “mano derecha”.

  Llegamos a Cuautla el 9 de febrero de 1812.  Esta ciudad estaba sitiada desde hacía muchos días por el general realista Félix María Calleja.  Este último atacó con su ejército el 18 de febrero sin lograr entrar en la plaza pues fue rechazado por los sitiados al mando de Morelos.  El 21 de abril de 1812 , después de tres meses de sitio a la ciudad de Cuautla, el coronel Matamoros con José Perdíz y 100 hombres más lograron salir de Cuautla burlando a los sitiadores para irse a reunir con don Miguel Bravo en Ocuilapa y conseguir víveres para llevarlos a los sitiados en Cuautla, pero por desgracia alguien los delató y fueron emboscados y derrotados en Amazingo y Tlacalque.

  Mientras esto sucedía, el general Morelos logró romper el sitio en Cuautla llegando al poblado de Chiautla donde se le unió el coronel Matamoros y los pocos hombres que le quedaban, para llegar todos ellos a Izúcar donde se les unió el magnifico jefe insurgente don Manuel Mier y Terán reorganizando nuevamente el ejército insurgente.  En Izúcar don Jesús Fuentes Pacheco, miembro de una de las familias más distinguidas de la ciudad, le ofreció su casa al coronel Matamoros que desde aquel día, y junto con los demás jefes insurgentes, fijo allí su cuartel general desde donde se fraguaron todas las estrategias de guerra.  En este cuartel se instaló una fábrica de pólvora, a la que llevaban azufre del volcán y salitre de los poblados de Guayacán y Tochimilco.  Además, el coronel Matamoros ordenó bajar algunas campanas de los distintos templos de Izúcar para fundirlas y formar balas y cañones.

  En el cerro del Calvario, el coronel Matamoros formó tres fortificaciones, distintas una de la otra.  Las bocacalles del poblado estaban cerradas a piedra y lodo.  En la plaza mayor de armas, colocó cinco trincheras para proteger las entradas a la plaza.  Aunque lo más importante fue que fundó y organizó en este lugar el Primer Ejército.  Armó, adiestró y disciplinó a toda la gente, con la ayuda de algunos hombres de su confianza.

  Igualmente, uniformó a su división y la organizó en cuatro regimientos: el de Caballería de San Ignacio, el de Infantería del Carmen, el de San Luis y el de San Pedro de Dragones.  Tomó como estandarte una bandera negra con una cruz roja en el centro, que portaba la leyenda “Inmunidad Eclesiástica”, en el que desconocía el fuero de los sacerdotes si tomaban las armas.  Fue el primer Ejército Mexicano compuesto por dos mil quinientos criollos de la región.  En el mes de agosto de 1812, el general don José maría Morelos y Pavón, ascendió a don mariano Matamoros al grado d brigadier y un mes después, el 12 de septiembre, lo nombró su segundo jefe, con el cargo de Mariscal de Campo. Tuvimos que dejar el poblado de Izúcar el 30 de octubre de 1812 para unirnos al grueso del ejército del general Morelos en Tehuacán; al día siguiente salimos para Oaxaca. El día 25 de noviembre, los jefes militares don Mariano Matamoros y don Hermenegildo Galeana, otro de los hombres más cercanos al caudillo, entraron a la ciudad de Oaxaca después de una batalla contra los defensores de la ciudad, donde lograron capturar al español don Regules Sarabia Aristi, jefe defensor de la plaza.

  El general Morelos salió de Oaxaca el 9 de enero de 1813 rumbo al puerto de Acapulco, por la ruta de la Mixteca.  El mariscal Matamoros y su gente salieron a principios de febrero de ese mismo año.  Primero llegaron a Yanhuitlán y el día 5 se unieron al caudillo Morelos.  Estuvieron en esa ciudad hasta que el general salió.  Ahí nos llegó la noticia de que un teniente coronel realista de nombre Manuel Servando Danbrini, al mando de un ejército de ciudadanos guatemaltecos, pretendía recuperar la ciudad de Oaxaca.  A finales de marzo de 1813 la fuerza de Matamoros se dirigió al estrecho de Tehuantepec a buscar al coronel Danbrini.  Llegaron por la noche a ese lugar  el martes de la primera semana de abril de ese año.  Cuando el coronel Danbrini se enteró de la llegada de Matamoros y su tropa huyó.  Por el momento no lo persiguieron pues como era Semana Santa, el mariscal Matamoros dejó que pasaran esos días y el 17 de abril, sábado de Gloria, salieron a combatirlo.  Caminaron a marchas forzadas y por fin lo alcanzaron en el poblado de Tonalá, en Chiapas.  Dos días después los insurgentes lograron vencerlo.  

   El 28 de mayo de 1813, don Mariano Matamoros entró con su ejército a la ciudad de Oaxaca, donde fueron recibidos triunfalmente.  Como acción de gracias, por la noche se cantó un “Te Deum” por el triunfo insurgente.  Cuando el general Morelos se enteró de la noticia ascendió a don Mariano Matamoros al grado de Teniente General.  El señor don Mariano Matamoros tuvo algunos desacuerdos con el jefe militar don Nicolás Bravo, por lo que el 12 de junio de ese año, junto con don Carlos María de Bustamante, solicitó que lo removieran del rumbo de Veracruz y dejaran en su lugar a don Mariano Rincón.

  Cuando quedó constituido el Congreso, convocado por el caudillo Morelos en la ciudad de Chilpancingo el 15 de septiembre de 1813, don Mariano Matamoros fue proclamado comandante en jefe de los ejércitos de las provincias de Tecpan, Oaxaca, México, Puebla, Veracruz y Tlaxcala, y jefe sucesor, a su prisión o muerte del generalísimo don José María Morelos y Pavón.  Después de la clausura del evento, el caudillo acordó que debería ir a tomar Valladolid para que el Congreso se pudiera instalar en aquella ciudad.  En noviembre salió con sus tropas hacia ese lugar.  Por desgracia el entonces virrey don Félix María Calleja se enteró de todos y cada uno de los movimientos del generalísimo Morelos, por los espías con los que contaba dentro del Ejército Insurgente (el Congreso en su instalación en Chilpancingo, otorgó el título de Generalísimo al caudillo Morelos).

  Con la idea de recuperar la plaza de Izúcar, se dirigieron al poblado de Tehuitzingo.  Cuando llegaron ahí, en el mes de octubre, el cura de San Juan Coscomatepec le informó al general Matamoros que don Nicolás Bravo se encontraba sitiado en esa población con solamente 500 soldados, Inmediatamente Matamoros y su tropa salieron a auxiliarlo, pero en el camino se enteraron que el comandante Bravo había roto el sitio.  A principios de diciembre de 1813, Matamoros y sus tropas se reunieron con el caudillo Morelos y los jefes insurgentes don Nicolás Bravo y don Hermenegildo Galeana en Cutzamala de Pinzón.  Pasaron por Huetamo, Tacámbaro y Tiripetío donde se pasó revista a las fuerzas unidas formándose un ejército de 5,700 hombres, e inmediatamente se inició el avance rumbo a la ciudad de Valladolid.  El 22 de diciembre de 1813, llegaron a las lomas de Santa María desde donde se veía la ciudad.

  El general Morelos le envió un ultimátum al teniente coronel español don Domingo de Landázurri y otro más al obispo don Manuel Abad y Queipo para que aceptaran la rendición de la ciudad.  Sin esperar respuesta, el caudillo insurgente ordenó el ataque a las tropas de don Hermenegildo Galeana y de don Nicolás Bravo, la mañana del día siguiente.  Esa ocasión fracasó el asalto a la ciudad de Valladolid y los jefes insurgentes con sus maltrechos soldados, regresaron a las lomas de Santa María, donde se encontraba el campamento.

  En la mañana del 24 de diciembre de 1813 el brigadier español don Ciriaco del Llano y su segundo el coronel don Agustín de Iturbide atacaron por sorpresa a la tropa de don Mariano Matamoros  gracias a la información llegada de los espías al servicio de los españoles, y los derrotaron fácilmente perdiendo banderas y cañones.  Al día siguiente, 25 de diciembre, todos los que formaban el Ejército Insurgente emprendieron la retirada hasta llegar a la hacienda de Puruarán, cerca de la ciudad de Valladolid.  Ahí se supo que el brigadier Ciriaco del Llano y el coronel Agustín de Iturbide venían siguiéndolos.  El general Morelos ordenó a don Mariano Matamoros que se fortificara en la hacienda con 3,000 hombres para recibir a los realistas.

  Matamoros, López Rayón y los demás oficiales que los acompañaban, se opusieron a tan absurda disposición pues el ejército se encontraba muy desalentado.  Pese a que el general Matamoros veía que la resistencia iba a ser imposible y que era indudable la derrota, aceptó la orden del caudillo.  El día 5 de febrero de 1814, llegaron los soldados realistas bajo las órdenes del brigadier Ciriaco del Llano y del coronel Agustín de Iturbide a la mal fortificada a hacienda de Puruarán.  Como todos esperaban, los españoles superiores en numero y armamento muy pronto consiguieron apoderarse de la hacienda.  Los comandantes don Ignacio López Rayón y don Hermenegildo Galeana lograron huir.  En cuanto al comandante Matamoros la suerte no estaba de su lado, pues al tratar de cruzar un vado sobre el río que baña la hacienda de Puruarán los realistas lograron capturarlo por medio de un dragón del batallón de infantería de frontera llamado José Eusebio Rodríguez, a quien por este hecho lo ascendieron al grado de teniente.

  A don Mariano lo encerraron en un cuarto de la hacienda custodiado por una fuerte escolta.  El día 8 de enero de 1814, esposado y con grilletes lo condujeron primero a la ciudad de Pátzcuaro, s donde llegó el día 12 de enero y de ahí, lo llevaron a la ciudad de Valladolid a donde llegó el día 15 de ese mes.  Don Mariano Matamoros fue expuesto en la plaza en la plaza principal de Valladolid, donde lo humillaron y maltrataron cual vil criminal.  Se lo entregaron al rencoroso obispo Abad y Queipo quien de inmediato lo como sacerdote y lo confinó en la cárcel clerical de la inquisición.

  El día 29 de enero de 1814, el brigadier Ciriaco del Llano recibió la notificación donde se daba la orden de ejecutar al general Matamoros por encontrarlo culpable de traición al rey de España don Fernando VII.  Finalmente se llegó el día 3 de febrero de 1814, a las once de la mañana, en el portal del “Ecce Homo”, fusilaron a don Mariano Antonio Matamoros Guridi, uno de los hombres más íntegros y valientes conocidos hasta entonces.  El cadáver quedó expuesto en la plaza hasta las tres de la tarde, para que sirviera de ejemplo a la gente de la ciudad.  Lo recogieron para inhumarlo en la capilla de la Tercera Orden Franciscana de la ciudad de Valladolid.

  Se supo después que el día 42 de enero, el general don José María Morelos y Pavón que se encontraba en el poblado de Coyuca, envió al soldado realista Francisco Ortiz de la Torre, a quien tenía preso, para que le hiciera llegar una carta al virrey don Félix María Calleja.  Le solicitaba la liberación de su “brazo derecho”, como el llamaba al general Mariano Matamoros, a cambio de la vida de 200 soldados pertenecientes al Batallón de Asturias, que tenía presos.  Por desgracia, la carta del general Morelos llegó dos días después del fusilamiento.  Al enterarse de la muerte de su brazo derecho, el general ordenó el fusilamiento de todos los prisioneros españoles.

  Nueve años después de su muerte, el 16 de septiembre de 1823, el general Matamoros sería honrado como “Benemérito de la Patria” y sus restos trasladados a la Catedral de la Ciudad de México.

  Don Mariano Matamoros fue un cura liberal y un valeroso caudillo de la independencia nacional, pero ante todo fue un gran amigo de todos.  Gracias a su entrega y a su valor, pudimos tener en un tiempo una patria libre.  ¡¡Paz a su espíritu!!

 
 
 

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C.P. Paúl A. Garza Dovalina
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