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FORJADORES DE MÉXICO: MÉXICO TENOCHTITLAN, LA CIUDAD QUE FUNDÓ TODO UN PAÍS (3a. y última parte)

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  • 3 ago 2025
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 Rafael Urista de Hoyos / Cronista e Historiador


NOVENO SOBERANO AZTECA = MOCTECUHZOAM XOCOYOTZIN = 1502 – 1520.

 

Era hijo de Axayácatl y sucedió a su tío Ahuizótl en el año 1502.  Se le llama Moctecuhzoma II para diferenciarlo de su ilustre abuelo.  Antes de su elección mostraba gran humildad y virtud; pero cuando subió al poder se tornó orgulloso y soberbio.  Ahondó la división entre nobles y plebeyos pues quitó de los cargos públicos a quienes eran del pueblo por su origen para ocupar sólo nobles.  Organizó una corte con severa etiqueta que hacía de él más que un rey una divinidad.

  Sus campañas fueron muchas.  La primera contra los pueblos otomíes de Nopala e Ixtepec de donde trajo más de mil prisioneros para su coronación.  Luego siguieron las de Atlixco, Tlaxiaco y la Mixteca, esta última con el único objeto de quitarle al cacique Matlinali un extraño árbol de olorosas flores.

  Otras venturosas expediciones fueron bajo el mando del bravo general Cuitláhuac, quien sujetó muchas regiones.  Con esas conquistas y las realizadas por los anteriores monarcas, se formó un dilatado imperio cuyas más lejanas avanzadas llegaron hasta las actuales Honduras y Nicaragua.

  Tenía como límites al norte las tierras ocupadas por las tribus bárbaras llamadas Chichimecas (Coahuila y Tamaulipas); por el sur el Océano Pacífico; por el oeste el reino de los purépechas (tarascos de Michoacán a los que nunca pudieron doblegar) y por el oriente el Golfo de México hasta la provincia de Coatzacoalcos.  Así iba formándose la unidad del territorio mexicano bajo la dominación de México-Tenochtitlán.

  Los primeros años del gobierno de Moctecuhzoma II (llamado Moctezuma II) corresponden a la época de mayor grandeza del Imperio mexicano, durante la cual a las repetidas y victoriosas guerras se añadió el duro trato que se les dio a los pueblos vasallos, que fueron explotados en forma inhumana para obtener de ellos productos de primera necesidad, cautivos para los sacrificios humanos y artículos suntuarios requeridos para el boato que exigía la corte del Tlatoani (rey).

  La vida privada de Moctezuma se apartaba de las sabias prescripciones en que habían gobernado sus antecesores en el cargo y que recomendaban al Tlatoani a vivir con austeridad y moderación.  Moctezuma II obligó a sus súbditos a bajar la mirada cuando se hallaban delante de él, se hacía trasladar en andas acompañado de un ostentoso cortejo, disfrutaba de un elegante y enorme palacio y se dice que llegó a tener cerca de 400 esposas.

  En el año 1511llegan a las costas de Yucatán los náufragos de la expedición del español Valdivia, entre los que se encontraban Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, siendo los primeros españoles que incidentalmente pisaron tierras mexicanas y posteriormente ayudaron a Hernán Cortés a la conquista de Tenochtitlán.

  Moctecuhzoma II era muy supersticioso y recordando las profecías de Quetzalcóatl que: “de oriente habrían de llegar hombres blancos y barbados” y si a esto se le agrega que durante su reinado, en 1510, apareció una gran luz por el horizonte, en 1518 aparecieron dos cometas, hubo dos eclipses de sol y se sintió un fuerte terremoto, el monarca quedó profundamente consternado y convencido de las profecías de Quetzalcóatl.

  Moctezuma, debido a sus supersticiones, comenzó a sentir un miedo atroz que lo dominaba y que al final le hizo perder no sólo el poder sino también el respeto de su pueblo.  Cuando le informaron de la aparición, en las aguas del hoy Golfo de México, de unas extrañas casas que flotaban en las que se veían unos hombres blancos, barbados, revestidos con refulgentes armaduras, Moctezuma entró en pánico. 

  Sus conocimientos en materia religiosa le hicieron pensar que esos hombres podían ser los enviados de Quetzalcóatl, el mítico gobernante de la antigua Tollan (Tula) que, convertido en dios, venía a recuperar su trono.  Más tarde, una serie de acontecimientos asombrosos y extraordinarios, como la aparición de un brillante cometa (probablemente el Cometa Halley), el suceso de un eclipse de sol, un temblor de tierra de gran magnitud y los dolorosos gemidos de una mujer que por las noches se lamentaba de la suerte de sus hijos, contribuyeron a aumentar su pavor.

  Finalmente, y siguiendo la ruta del conquistador Hernán Cortes, éste entra al Valle de México entre dos grandes montañas de la sierra nevada: El Popocatépetl y el Iztaccihuatl.  Cruzó los poblados de Amecameca, Tlalmanalco, Ayotzingo, Tlahuac y finalmente la calzada de Ixtapalapa, donde en el Fuerte Xolotl (en la hoy calzada San Antonio Abad), lo recibió el gran Hueytlatoani (el emperador azteca) Moctecuhzoma II.  El encuentro se efectuó en lo que hoy es la calle Pino Suárez frente al Hospital de Jesús.

 

DECIMO SOBERANO AZTECA = CUITLÁHUAC- Sept.7 a Nov. 25 de 1520.

 

Al morir Moctezuma II, y tras un breve período de desorden  porque la guerra contra los españoles no permitió elegir con tranquilidad  al nuevo tlatoani, los aztecas nombraron finalmente al hermano del anterior tlatoani, Cuitláhuac, Señor de Ixtapalapa, quien se había distinguido al mando de las tropas mexicas durante la batalla de la noche triste, una importante victoria azteca.  Su coronación fue muy distinta a la de los anteriores monarcas que la celebraban con grandes ceremonias y sacrificios de prisioneros, pues ahora se efectuó combatiendo a los extranjeros.

  Cuitláhuac reorganizó de inmediato al ejército azteca, dejándolo listo para repeler de nuevo a los extranjeros, que se habían retirado a Tlaxcala, sus aliados, después de su derrota en la noche triste y dispuesto Cortés a reponerse de esa derrota.  Bien sabía Cuitláhuac que Cortés no cejaría en su empeño en conquistar Tenochtitlán y ordenó la fortificación con fosos y trincheras, pero no pudo hacer más: tenía menos de ochenta días en el trono, cuando fue atacado por la viruela, enfermedad llegada a México y propagada por los españoles que causó gran mortandad entre los indios, y entre ellos, al nuevo tlatoani.

  Cuitláhuac, de un talento que igualaba a su valor, demostró que podía salvar a su patria.  Fue de los que se opusieron a recibir en paz a los españoles, levantó y acaudilló miles de hombres con quienes atacó con bizarría la fortaleza de los conquistadores.  Se negó a entrar en arreglos de paz con los españoles, y los obligó a salir de su atrincheramiento, el palacio de Axayácatl, para derrotarlos en la noche triste.  Finalmente, no pudo acabar con su tarea de expulsar a los invasores, pues fue víctima de una de las enfermedades traída por los españoles: la viruela negra.  Cuitláhuac murió la noche del 25 de noviembre de 1520, víctima de la horrende y contagiosa viruela negra.

 

DECIMO PRIMER  SOBERANO AZTECA = CUAUHTÉMOC. Enero2 a Agosto 13 de 1521

 

En enero de 1521, es electo el onceavo y último rey de los aztecas, Cuauhtémoc (Águila que desciende).  Era hijo de Ahuizotl, octavo rey azteca y de la princesa Tilalcapatl.  Era de un valor indomable y de carácter enérgico.  Ante el peligro que corría su patria, envió embajadores a otras tribus para combatir al invasor, más estos por envidia de su grandeza y por el odio que profesaban a los “imperialistas” aztecas, como los tlaxcaltecas y los cempoaltecas entre otros, se negaron a prestarle ayuda, resolviendo Cuauhtémoc sacrificarse con sus leales mexicanos y combatir solos a los invasores españoles.

  Enseguida dispuso el adiestramiento del ejército para hacer frente a la amenaza española, puesto que Cortés había dispuesto la marcha hacia Tenochtitlán y se había asentado en Texcoco.  Cortés se entrevistó con Cuauhtémoc pidiéndole se sometiera a fin de evitar la destrucción de la ciudad y de una masacre inútil, pero el joven tlatoani se negó contestándole que se disponía a defender la religión, la patria y las familias.

  Cortés inició el sitio el sitio de la ciudad por tierra y agua, pues había fabricado una serie de bergantines (velero pequeño y rápido de dos palos) para hacer frente a cientos de canoas aztecas.  Los combates librados durante los largos días que duró el sitio; setenta y tres de junio 1º a agosto 13, constituyen uno de los momentos más emotivos y emocionantes de la historia de la humanidad, por los actos de valor desplegados en uno y otro bando como por la heroica resistencia de los mexicas, que encabezados por su tlatoani hacían frente a la fuerza devastadora de las armas españolas, tecnológicamente muy superiores a las suyas.  Además las tácticas militares de los aztecas, que pretendían ante todo hacer prisioneros, eran impotentes para detener a los españoles, cuya acción militar tenía como objetivo matar al contrario.

  Cortés y los suyos arrasaron literalmente a la Gran Tenochtitlán, a la que además hicieron padecer hambre y sed bloqueando el paso de alimentos y cegando los acueductos que suministraban agua potable.  El 13 de agosto de 1521, cuando la resistencia alentada por Cuauhtémoc se mostró inútil, el propio tlatoani comprendió que debía escapar para mantener viva la lucha desde otra parte.  Se embarcó luego en una canoa, pero fue alcanzado y capturado.

  Presentado ante Cortés, Cuauhtémoc le dijo estas palabras: “Malinche, he hecho lo que estaba obligado a hacer en defensa de mi ciudad y vasallos y puesto que no puedo más, vengo por fuerza preso ante tu persona y poder.  Toma luego ese puñal que tienes en el cinto y mátame”.  Conmovido ante la derrotada pero altiva y heroica figura de Cuauhtémoc, Cortés le perdonó la vida y lo hizo prisionero; condición en la que el caudillo permaneció casi cuatro años. Durante ese lapso Cuauhtémoc fue sometido a crueles tormentos, como el de quemarle los pies para obligado a confesar donde estaba el cuantioso y supuesto tesoro de los aztecas, que no existía.

  El 25 de febrero de 1525 marca la muerte del gran emperador azteca Cuauhtémoc, ya que es cruel e injustamente ahorcado por orden de Cortés en un lugar llamado Itzancanac del hoy Estado de Tabasco, junto con Tetlepanquetzál, Señor de Tacuba y otros señores mexicanos.  Estos asesinatos constituyen una gran mancha en la memoria de Hernán Cortés, ya que no tenía ningún motivo para ordenar tan crueles ejecuciones indignas para aquel que se preciaba de ser todo un caballero español.

  Bernal Díaz del Castillo, autor de  “La verdadera historia de la conquista de la Nueva España”, dejó escrito:  “y fue esta muerte que les dieron muy injustamente dada, y pareció mal a todos los que íbamos en aquella jornada”.

 

 
 
 

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