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FORJADORES DE MÉXICO: SAN JUAN DIEGO CUAUHTLATOTZIN

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  • 26 ene 2025
  • 7 Min. de lectura


Rafael Urista de Hoyos / Cronista e Historiador


Indígena mexicano nacido el 9 de diciembre de 1474 en el Señorío chichimeca de Cuautitlan en el hoy Estado de México.  Puesto que entonces entre la estirpe indígena no se usaba ningún apellido, sería llamado como su padre o alguno de sus abuelos.  Le pusieron por nombre “Cuauhtlatoa”, que viene de “Cuauhtli”, águila; “tlatoa”, hablar; y “huac”, como; significa, pues, “el que habla como águila”.  Cuando fue mayor añadió a su nombre la partícula “tzin”: Cuauhtlatoatzin, que indica señorío y se traduce como “La venerable águila que habla.  Resultó profético, porque tuvo que hablar cosas muy importantes.  Sus palabras en relación con la Virgen María, serán conocidas por toda la existencia del género humano.

  Al recibir el bautismo en la iglesia católica años después, recibió el nombre de “Juan Diego” que fue el nombre castellano con el que fue bautizado.  A los cincuenta años de edad escuchó por primera vez la palabra de Dios de labios de los misioneros franciscanos.  Le gustó tanto lo que hablaban los sacerdotes católicos que dejó su creencia pasada y se convirtió al cristianismo.  Fue un hombre humilde, sencillo, piadoso, bondadoso y apostólico.  Entre los años 1494 y 1496, contrajo matrimonio con la también indígena  “Malitzin”.

  Trabajó con su esposa, bautizada como María Lucía, confeccionando sombreros, canastas y petates como medio de vida  Algunos historiadores aseguran que tuvo descendencia, pero otros dicen que no es así puesto que al casarse ofrecieron su matrimonio en castidad.  Según el historiador Becerra Tanco, Juan Diego nació en el año 1474, deduciendo la fecha por el año en que murió a los 74 años en 1548, y el día de nacimiento, 9 de diciembre, se ha acogido por ser el día de la primera aparición de la Virgen María.

  En el año 1529 muere su esposa y es cuando su vida se orienta más a Dios.  Según la tradición Juan Diego tenía 57 años cuando vio por primera vez a la Virgen María en el cerro del Tepeyacac en el año 1531, convirtiéndose en el instrumento fiel, transmisor del mensaje de la Virgen al obispo fray Juan de Zumárraga.

  Después de lo acontecido vivió de modo callado y anónimo durante 17 años al lado de la ermita de Nuestra Señora de Guadalupe construida en el mismo año de 1531 y sirviéndole y consagrándose a ella hasta el día de su muerte.  Se dice que vivió una existencia de ayunos, rezos, abstinencia de muchas cosas, de caridad y de santidad.  Su vida transcurrió así hasta que murió el 12 de junio de 1548, cuando tenía ya la edad de 74 años.  Sus restos descansan al lado de su tío Juan Bernardino en la primera ermita dedicada a la Virgen de Guadalupe, llamada parroquia de indios al pie del Tepeyac.

  La Iglesia Católica elevó a Juan Diego a los Altares el 6 de mayo de 1990, cuando el Papa Juan Pablo II beatificó junto con Juan Diego a otros cuatro mexicanos.  El 31 de Julio San Juan Diego fue canonizado como santo por el mismo Papa Juan Pablo II en su visita a México en el año 2002.  En el santoral católico se celebra a San Juan Diego el día 31 de julio, que es el día de su canonización.

CAMINO SEGUIDO PARA LA CANONIZACIÓN DE SAN JUAN DIEGO:

  En el año 1974 se celebró el quinto centenario de la fecha del nacimiento de Juan Diego, y desde entonces, los clamores de sus seguidores comenzaron a intensificarse, en el sentido de que fuera declarado santo por la iglesia.

  En 1984 se inició el proceso canónico del indígena al que llamaron “Siervo de Dios”.  El 23 de marzo de 1986, en la Catedral Metropolitana, se dieron importantes avances en el proceso.  Fue el 9 de octubre de 1989, cuando en una reunión del clero, se decidió proponer a Juan Diego para su beatificación.

  ¡Y el 6 de mayo de 1990 se logró la beatificación!  Ahora se iniciaba el proceso para la canonización.  En toda la década de los noventa, los principales promotores de la canonización recopilaron todo tipo de documentación, así como pruebas y evidencias, tanto antiguas como modernas, para presentárselas a Juan Pablo II.

  El 3 de mayo de 1990 sucedió la curación milagrosa, adjudicada a Juan Diego, cuando un joven de 20 años, drogadicto, llamado Juan José Barragán Silva, cayó de una altura aproximada de 10 metros sobre la banqueta de cemento.

  Tuvo fracturas múltiples de hueso craneal e infinidad de lesiones más, ¡estaba agonizando!  Su madre imploró al indio Juan Diego por su curación, y su hijo fue sanado milagrosamente.  ¡Nadie se explica como era que el muchacho estuviera todavía vivo!

  El 26 de febrero de 1998 se aprobó por unanimidad la legitimidad del milagro, por medio del grupo de médicos especialistas de la Congregación para las causas de los santos.  En 2001 los cardenales y obispos, reunidos en sesión ordinaria, declararon lo mismo, y el 20 de diciembre d 2001, Juan Pablo II declaró legítimo el milagro.

  A mediados del 2002, Juan Diego fue canonizado por el Papa en la Basílica de Guadalupe.  Canonizó al indígena y a otros beatos más, pero el indígena recibió una magna misa especial que lo elevó a los altares, y ahora la gente ya le puede rezar, pues está considerado como el mensajero de la Virgen y un intercesor entre ellas y los fieles hombres y mujeres.

 LAS CUATRO APARICIONES DE LA VIRGEN DE GUADALUPE AL INDIO JUAN DIEGO

  PRIMERA APARICIÓN:

  Era el sábado 9 de diciembre de 1531 cuando Juan Diego pasaba caminando por el cerro del Tepeyacac y venía desde Cuautitlán.  Eran como las seis de la mañana y llevaba mucha prisa, porque quería llegar a la iglesia de Tlaltelolco, donde los sacerdotes enseñaban los misterios de la religión cristiana. 

  Cuando pasaba por el cerro, de pronto escucho un cantar de pájaros y una dulce voz femenina que lo llamaba por su nombre.  Extrañado subió al cerro y descubrió a una mujer que estaba rodeada por un gran resplandor.  Ella le dijo que era la Virgen María y que quería  se le construyera un templo en ese lugar, para lo cual lo mandaba a él para ir a er al obispo y manifestarle su deseo.  Obedeciendo la orden dada por la Virgen, Juan Diego llegó a la ciudad de México y ahí se entrevistó con Fray Juan de Zumárraga a quien le platicó todo.

SEGUNDA APARICIÓN

  Naturalmente que el religioso no  creyó la historia de Juan Diego y éste regresó muy triste, como a las cinco de la tarde al Tepeyacac.  Volvió a encontrarse con ella, quien le dijo que era la siempre Virgen María.  Él le contó todo lo sucedido e incluso le pidió que mejor se consiguiera otro mensajero que fuera más principal, porque a él no le iban a creer nunca. Más ella le confirmo su misión y le ordenó insistir con el obispo Zumárraga una vez más.  Regresó Juan Diego, pero el religioso no volvió a creer en su historia y le dijo que para creerle necesitaba presentarle una fehaciente prueba de lo que le manifestaba para poder dar crédito a sus palabras.

TERCERA APARICIÓN

  El domingo 10 de diciembre, como a las tres de la tarde, Juan Diego regresó a la parte más alta del cerro donde se le presento por tercera vez la Guadalupana e inmediatamente él le contó que el obispo no le había creído su historia, y además que le había pedido una prueba para creerle.

  La Virgen le ordenó que regresara al cerro del Tepeyacac al día siguiente, para que ella le diera la señal que había pedido el obispo Zumárraga, y ya con la señal en las manos, Juan Diego tenía que llevársela al religioso, pues con esto el iba a creerle plenamente,

  Más sucedió algo inesperado, cuando Juan Diego regreso a su casa, se encontró con la noticia de que su tío Juan Bernardino estaba muy enfermo.  Al otro día, que era lunes, el no asistió a su cita con la Guadalupana para quedarse a cuidar a su tío, y en la noche, su tío se sintió tan mal, que le pidió fuera a Tlaltelolco por un sacerdote que lo confesara. 

 

CUARTA APARICIÓN

  Era la madrugada del martes 12 de diciembre y Juan Diego se encaminó a Tlaltelolco, pero al llegar al cerro del Tepeyacac decidió rodearlo para evitar encontrarse con la “Señora del Cielo”, como el le decía, y así, ahorrarse la pena de tener que explicar el porque no podía cumplir su mandato.

  Pero la Virgen de Guadalupe se le apareció en su camino, como quien dice, le salió al encuentro, y le dijo que no se preocupara por la salud de su tío que éste ya estaba sano, a la vez que le dijo que Ella era la siempre Virgen María que se manifestaba con la advocación de Guadalupe (título que se le da a la santísima Virgen María en sus diversas apariciones en distintas partes del mundo)

  Volviendo al Tepeyacac, la Guadalupana le pidió a Juan Diego que subiera hasta lo alto y cortara unas rosas de Castilla que estaban en la punta del cerro, las cuales milagrosamente habían aparecido ahí  ya que en el cerro nunca se habían visto rosales, y menos en ese tiempo invernal y mucho menos rosas de Castilla que sólo se dan en su lugar de origen, en España. 

  Sin embargo, y para asombro del indio Juan Diego, las rosas estaban ahí, las que cuidadosamente fue cortando una por una las que colocándolas en su ayate fue a presentarlas a la Virgen, quien las tomó en sus manos y tapándolas con el ayate le dijo a Juan Diego que fuera con el obispo Zumárraga y que le mostrara las rosas como la señal que había pedido.

  Así lo hizo, y cuando destapó su ayate frente al religioso y las demás personas ahí reunidas, las rosas de Castilla cayeron al suelo al tiempo que la imagen de la Virgen de Guadalupe aparecía plasmada en la burda tela.  Tres días antes, el día 9, ocurrió la primera de las cuatro apariciones, sin embargo, fue el día 12, que ocurrió el milagro de las rosas, quedando ese día instituido por la Iglesia Católica como la oficial para su conmemoración.

  En realidad, podemos afirmar que hubo una quinta aparición y fue la que aconteció frente al tío de Juan Diego, Juan Bernardino, cuando la Virgen lo sanó de su enfermedad.

  La imagen  de la Virgen en el ayate de Juan Diego es la original que todo el mundo adora en la Basílica de Guadalupe.  El obispo Fray Juan de Zumárraga, que en realidad era el primer arzobispo de la arquidiócesis de la ciudad de México, cayó de rodillas frente a la imagen convencido de todo lo que le había expresado el indio Juan Diego; el desató  el ayate y lo llevó a su altar donde rezaba.

  Y desde esa fecha hasta la actualidad, la imagen ha sido venerada por millones de mexicanos.  Estuvo primeramente en una rústica ermita y en diferentes lugares donde se le rindió culto, luego estuvo en la antigua basílica, hasta el año 1976, en que se inauguró la nueva basílica, y donde se encuentra hasta la fecha.

   

 

 

   

 

 

 

 

 
 
 

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